El taller de reparación de electrodomésticos todas las tardecitas se llenaba de amigos del dueño que iban a tomar mate y a charlar un rato. Ese día estaban todos en la vereda. Mate va, mate viene, de pronto, y sin pronunciar palabra, uno de ellos saltó como un resorte del banco en el que estaba sentado y se dirigió a la moto que había dejado estacionada junto al cordón.
Los demás no entendían nada. Alguien le preguntó: "¿Qué hacés, Colo? ¿A dónde vas tan apurado? ¿Te cayeron mal los mates?". El Colo, mientras arrancaba el ciclomotor, respondió: "Allá viene mi novia. Me va a matar. Le había dicho que no la acompañaba al dentista porque tenía que terminar un trabajo".
Todos miraron para la esquina y entendieron menos. "¿Dónde viene tu novia?", quiso saber otro. "En la esquina de la Shell, la de campera roja y amarilla", gritó el novio, al tiempo que aceleraba y partía ráudamente. Los amigos volvieron a mirar y esta vez sí entendieron... entendieron que el Colo estaba más chicato que nunca, pues la chica de campera roja y amarilla, su "novia", no era otra cosa que uno de los surtidores de la estación de servicio...
Las carcajadas de los presentes fueron estrepitosas y solamente pudieron ser acalladas por un fuerte impacto que se escuchó en la otra esquina.
Cuando todos miraron hacia la plaza Belgrano se sorprendieron, y asustaron: el Colorado había rodado -según fuentes policiales por causas que se tratan de establecer- y estaba retorciéndose en el medio de la calle. "¿Qué te pasó? ¿Cómo estás?", preguntaron todos. El Colo, lleno de raspones, exclamó: "¡Es un dolor extraordinario!".