14-12-2014 00:29 |
Nació en Trenque Lauquen, donde actualmente viven sus padres, y llegó a nuestro pueblo a los 8 años. Estuvo en Henderson hasta terminar la secundaria, cuando se fue a estudiar a Buenos Aires, donde conoció a quien le robó el corazón y la llevó a sus pagos del sur. Ahora vive en San Martín de los Andes, pero nunca olvida la paz del pueblo que la vio cecer en la infancia y la adolescencia, y que le dio tantos amigos
-¿Cómo está compuesta tu familia?
-Mi esposo y mis dos hijos son los integrantes de mi familia. Mi hijo mayor tiene 14 años y el menor tiene 7.
-Contanos a qué edad llegaste a Henderson desde Trenque Lauquen.
-Llegué a Henderson en el invierno de 1978, cuando aún no había cumplido 8 años. Con mis hermanas continuamos la primaria en la escuela Nº2, ya que estaba muy cerca de nuestra casa. Nosotros vivíamos en ese entonces en la calle Belgrano, frente a la Cooperativa El Progreso. Los abuelos Zelaschi, con su hostería, y Enrique y Nancy Etulain, eran nuestros vecinos. Gente muy buena y muy querida. En la cuadra tenía muchos amigos de la escuela, con quienes patinábamos en la calle después de almorzar, como Eldi Baratucci, Myriam Goitisolo y María Clara Sinigagliese.
-¿Y dónde cursaste la secundaria?
-La secundaria la hice en el querido Colegio Nacional. De primero a tercer año cursé en el turno mañana, que en 1986 se transformaba en orientación Comercial; pero yo continué en la orientación Bachiller, y me pasé a la tarde. Y conservo amigos del alma de los dos cursos. Sigo en contacto con Viviana Fonseca, Marilina Albornoz, Silvana Lépore, Diego Varenna, Julio San Juan, Karina Calopresti, Patricia Zonzogni, Andrea Salvador. Incluso los que también se fueron de Henderson, como yo, como Oriana Caniggia o Evangelina García, con quienes también estamos en contacto.
-¿En qué año se te fuiste de Henderson y por qué?
-Después de la secundaria, me fui a Buenos Aires a continuar mis estudios, fue en 1989. Allí, además de estudiar, empecé a trabajar. Después de unos años conocí a mi esposo; él era del sur, y en 2001, casados y con un hijo pequeño, nos vinimos a San Martín de los Andes.
-¿A qué te dedicás?
-Soy Psicóloga.
-¿Qué actividades disfrutás hacer en San Martín de los Andes más allá del trabajo?
-Disfruto mucho de estar al aire libre y salir a caminar. Pasar las tardes en la costa del lago, y en verano estar en la playa. Algunos inviernos vamos a esquiar.
-¿Cuál es tu lugar preferido en la ciudad?
-Es una playa que se llama Quila Quina, y a mi juicio es la más hermosa, donde más disfruto pasar el tiempo. Está a unos 12 kilómetros de la ciudad.
-¿Tenés contacto con otros hendersonenses que vivan en San Martín?
-En San Martin también está Lucrecia Iglesias, con quien compartí la secundaria y somos grandes amigas. Tengo la suerte de compartir con ella muchos momentos.
-¿Le recomendarías a alguien que busca trabajo ir para aquellos lados?
-Por supuesto, es un hermoso lugar. Aunque no es fácil adaptarse, cualquier alma aventurera tiene mucho para descubrir acá.
-¿Qué es lo que más extrañás de Henderson?
-El paisaje con un horizonte infinito es algo que extrañé mucho desde que vine a vivir aquí. El cielo inmenso, el campo, esa paz que se respira en Henderson a cualquier hora. Pero lo que más se extraña es cruzarse con la gente querida, con la que uno tiene en común tantas cosas vividas, dulces y amargas.
-¿Con qué frecuencia solés viajar a Henderson?
-No viajo muy seguido, pero cuando voy a Trenque Lauquen a ver a mis padres, cuando puedo me hago un rato para pasar por Henderson.
-¿Cómo ves al pueblo ahora con relación al momento en que dejaste de vivir en Henderson?
-La última vez que estuve fue para el aniversario del Colegio Nacional, y fue muy grata la sorpresa, encontrar tantos lugares nuevos, la ciudad tan linda, y ordenada.
-¿Tenés pensado un viaje pronto?
-Posiblemente les haga una visita muy pronto.
-¿Volverías a radicarte en Henderson?
-Me encantaría que mis hijos pudieran crecer con esa libertad y tranquilidad con que yo crecí, disfrutando de la magia que aún conserva mi adorado Henderson.