Daniel Conde es hijo de Hipólito Conde, quien falleció el año pasado y al que apodaban "Poli", y de María Antonia Balbín, conocida como "La Negra". Además tiene una hermana: Miriam (junto a él en la foto).
Está casado con Helena, española ella, con quien tiene dos hijas: Marina, que tiene 24 años y lo acompaña en esta visita a Henderson, y Patricia, de 20, quien quedó junto a su madre.
Nació en una vivienda ubicada en la última cuadra de la diagonal Hipólito Yrigoyen. Luego fue a vivir a la casa de siempre, sobre calle Mariano Moreno entre Italia y Almafuerte.
En el barrio pasó una linda infancia y adolescencia. De esos años menciona los picados de fútbol que jugaban en una canchita que habían armado detrás del peladero de Vicente. Algunos compinches de Daniel de esos contactos con la redonda eran Carlitos 'Mandi' Vicente ('Mandi'), Luis 'Luchi' y Marcelo 'Pilincho' y Claudio 'Yayi' Caniggia.
"Lo malo de esos partidos era que al dueño de la pelota había que andar corriéndolo para que la soltara...", dice Daniel, entre risas.
En cuanto a la escolaridad, al jardín de infantes fue al Colegio Santa Teresita, "con la maestra Gloria Giaramitta", recuerda. La primaria la cursó en la Escuela 2, y la secundaria en el Colegio Nacional.
Algunos compañeros que tuvo en los niveles inicial y primario -un grupo también continuó junto en el secundario- fueron: "'El Gordo' (Miguel) Pérez, Carlitos Sánchez, 'El Ojito' (Osvaldo) Oliver, Héctor Forte, Pedro Trinitario, 'Coco' (Ricardo) Salvador, Nora Vidal, Viviana Redoules, Silvia González y 'Pepa' (Graciela) Sequeira".
De los docentes de la escuela primaria recuerda con mucho cariño a Feliz Marcos.
Además del fútbol, a Daniel Conde le gustaban los deportes en general. Recuerda que con Manuel Soler iban donde otrora estaba la canchita de Fútbol Club (al lado de la actual Casa de Cultura, en ese tiempo Escuela 501), al barrio Obrero y hasta al acceso a practicar distintas disciplinas con los demás alumnos y el prestigioso profesor.
Esa inclinación por los deportes llevó a Daniel a, una vez finalizada la secundaria, estudiar el profesorado de educación física en Olavarría. Se recibió y marchó a Buenos Aires, donde estuvo un año. En Capital Federal realizó un curso de entrenador de atletismo y básquet. Trabajó en el colegio Carlos Pellegrini y en uno privado, y en el verano en una colonia de vacaciones. Luego, junto a dos amigos, decidieron emprender una aventura fuera de los límites de Argentina.
Así anduvo primero en Bolivia y Perú, después emprendió un vuelo chárter a Alemania, de allí a Suiza, después a Francia, hasta que llegó a España; primero a Barcelona y luego a Madrid.
En la capital española fue al Instituto Nacional de Educación Física (INEF) y empezó a contactar con gente, a hacer cursos. A finales de 1981 comenzó a trabajar ya en Fuenlabrada. Primero estuvo dando clases en los colegios y después pasó a coordinar las actividades deportivas del Ayuntamiento. "Nosotros desde el Ayuntamiento centralizamos toda la actividad del Municipio en Deportes", cuenta Daniel. Añade que "tenemos 23 escuelas diferentes", y enumera algunas: "aerobic, atletismo, natación, esgrima, ciclismo, hasta yoga". Completa diciendo que hay actividades para todas las edades, y que en total tienen más de 13 mil alumnos. "Sólo en natación tenemos 5 mil", afirma.
Fuera de la actividad laboral, nuestro invitado de hoy cuenta que le gusta realizar "viajes de turismo, conocer". Amplía diciendo que "España es muy rica en cultura; claro, son muchos años". Entonces relata cuando fue el centenario de Henderson y volvió a la península ibérica con el video que editó para la ocasión Jorge Ledesma, al que elogió mucho. Llegó contento con el material fílmico y orgulloso porque el pueblo que lo vio nacer había alcanzado 100 años de vida. Pero, claro, muy pocos si se los compara con los pueblos de allá. Hace poco visitó uno que tiene más de 900 años: Santo Domingo de la Calzada.
Sobre Fuenlabrada, que hoy tiene un poquito más de 200 mil habitantes, Conde dice que es una ciudad como del Gran Buenos Aires. Aunque, a diferencia de alguna del Conurbano, allá se vive bastante tranquilo y hay poca inseguridad. "Yo dejo a veces el coche con la llave puesta", ejemplifica, pero agrega que, igual, hay que ser cautos.
En Madrid ya la cosa es distinta. "Se persigue mucho, hay mucha Policía que le dicen de paisano, de civil, persiguiendo porque hay mafias. Ahora habían venido muchas mafias de rusos, polacos, rumanos; de países del este sobre todo", explica Conde. "Son carteristas, no hay robos con violencia; son carteristas del subte, de turistas; son robos menores", añade.
Una característica de la sociedad de Fuenlabrada es que "hay muchos bares", en los cuales se vive un clima familiar. Por ejemplo: "Las mujeres dejan a los chicos en los colegios y se van ahí a tomar unos cafés. Charlan y se quedan toda la mañana. Después van los padres con los hijos, van los abuelos; va todo el mundo".
En cuanto a la actividad laboral preponderante en Fuenlabrada, Daniel menciona a "la pequeña y mediana empresa", aunque reconoce que "ahora la cosa está muy mala, ha cerrado más de la mitad". Y utiliza otro ejemplo para graficar lo que acaba de decir: "Donde estoy yo está la fábrica de Coca Cola y ahora echaron a 800 personas. La crisis está afectando muy duro".
Daniel viene todos los años a Henderson. Lo hace generalmente cuando en España están en receso escolar de verano, es decir, entre los meses julio y septiembre. En esta oportunidad está en nuestro pueblo desde el inicio de la primavera, y se quedará hasta fines de octubre.
Además de estar junto a su madre, hermana y otros familiares, Conde aprovecha cada estadía para, entre otras cosas, visitar vecinos y amigos, ir al campo, comer asados, jugar al truco y presenciar algún ensayo de Coral Henderson.
-¿Cómo encontrás al pueblo cada vez que venís?
-Bien, bien. Los años malos fueron los de las inundaciones. Se veía mucho abandono, las casas muy desprolijas. Pero luego, cuando va funcionando la economía, se nota sobre todo en la construcción. El termómetro que yo calibro es la construcción. No sólo que se construyan viviendas, sino que se remodelen, se pinten. Este año me gustó mucho, que ya me lo había contado el año pasado Enrique Tkacik, que iban a hacer lo de las rotondas, unas esculturas. Está muy bien eso porque ordena el tránsito, que acá era un poco terrible, no se sabía quién tenía que pasar.
-Ya que que mencionaste el tránsito, ¿cómo está ese tema en Fuenlabrada? ¿Se respeta al peatón, por ejemplo?
-Se respeta muchísimo. Incluso a veces exagerado, porque van los chicos esuchando música, o mandando mensajes de texto por la mitad de la calle, pero se respeta. Ahora se están poniendo cámaras encima de los semáforos, y automáticamente, cuando se pone en rojo, si alguien pasa se activa y te saca la foto. Y te llega a tu casa la multa y te la cobran. Lo mismo si no tenés puesto el cinturón de seguridad. Son muy exigentes para eso.
-¿Tenés pensado volver a radicarte algún día nuevamente en Henderson?
-No, no creo, porque tengo que arrastrar acá a mis compañeros, que no quieren (señalando a su hija Marina y en alusión también a su esposa y su otra hija). No, tienen ahí su vida. Yo, mientras pueda seguir viniendo todos los años, estoy. Además, claro, el tema del trabajo; y hoy no está la cosa como para desperdiciar ningún trabajo.