NAVIDAD CON DESTROZOS
Parece que ya ni las fiestas navideñas pueden celebrarse en paz. En lugar de festejar y pasarla bien en familia, compartiendo la noche de navidad, hay algunos que prefieren hacer daños a los bienes del pueblo, como si a ellos no les costara.
Precisamente esta vez el lugar elegido fue la terminal, los tubos de aluminio con luz que iluminan el camino que va hacia la espiga, que fueron pateados y destrozados, dejando solo uno en pie del lado izquierdo.
Para continuar, siguieron por el complejo deportivo Osvaldito Arpigiani, rompiendo dos parrillas y el alambrado olímpico que va hacia la pileta.
El objetivo no se entiende, romper para perjudicar a quién, ¿a toda la población? Acaso no viven aquí quienes lo hicieron?
Si es una manifestación de bronca contra alguien, no es la manera de demostrarla, por el contrario, quien lo hace está perjudicando a su familia, que aporta con impuestos para poder hermosear el pueblo, a sus amigos que gustan de tener un lugar placentero, y a sí mismos, pues son de ellos los bienes. Pero no lo entienden, entonces vale la pregunta ¿si destrozarían su casa por divertirse o por parecer más hombres ante los amigos? Es de suponer que no. Pero lo están haciendo porque esta es la casa de todos, la casa de ellos, el pueblo donde vivimos.
¿Nadie puede verlos? ¿Nadie escucha cuando se producen las roturas? Seguramente serán chicos, y si es así señores padres debemos saber que están haciendo nuestros hijos, porque si los descubren seremos los padres los que deberemos pagar los daños que ellos produzcan.
Caso contrario, mayores de edad, si son descubiertos, les espera una multa y detención, y en caso de reincidentes, la cárcel por causar daños a los bienes públicos.
Por lo tanto, esto es un llamado de atención para todos, padres, jóvenes y vecinos. Apelamos a los vecinos que si ven o escuchan ruidos raros no duden en llamar urgente al 101, esta será la única forma en que podremos terminar o al menos comenzar a trabajar sobre este flagelo de violencia que afecta a ciertos jóvenes de nuestra sociedad, que por suerte son pocos.