Víctor Alonso es hijo de Lidia Azucena Hernández, "más conocida como Susy" -dice-, y Orlando Alonso, "más conocido como El Gallego". Tiene tres hermanas: María Angélica "Angie", Lidia Beatriz "Lily" y María Inés "Piky".
Se casó en el año 2002 con Elisa Quiroga. Ambos son padres de Federico, de 11 años y nacido en Ushuaia, y Camila, quien tiene 9 años y nació en Capital Federal.
A Elisa se la presentó un compañero en una fiesta que se realizaba todos los años en la Escuela Naval para conmemorar el Día del Cadete. Fue "exactamente el día 5 de octubre de año 1996", recuerda Víctor con precisión. Agrega: "Estuvimos casi cinco años de novio y en 2002 nos casamos; desde entonces hemos formado una familia hermosa y vivimos en Mar del Plata".
La familia Alonso vive en el barrio Colinas de Peralta Ramos, cerca de Punta Mogotes.
-¿En calle vivías en Henderson y qué recuerdos tenés del barrio y de los amigos y juegos de la infancia?
-Viví toda mi infancia en la calle Roque Sáenz Peña número 567, cerca de lo de "Pepe" Sequeira, con el que compartimos nuestra pasión familiar (Boca Juniors). Tengo muchísimas anécdotas y amigos. Siempre viví muy libre; jugando a la guerra de cascotes con los Chiabrando; en la fábrica de mosaicos con Aldito Barabino; en el chalet de Augusto Maquieira, construyendo un fuerte; en el taller de mi viejo de la calle Moreno (frente a lo que hoy es Eden), fabricando juguetes con los recortes de fierro que mi él descartaba o rompiendo el karting que me había fabricado mi viejo en el taller para que diera la vuelta a manzana.
Después vino la época de los deportes. En ese entonces no existía el salón del club de pesca El Biguá, así que allí teníamos una cancha de fútbol, donde armábamos picaditos con los pibes del barrio o interbarriales; nos sorprendían de noche corriendo detrás de la pelota.
Me acuerdo mucho de mi barra de amigos, ¨Los chorros¨, con los que compartíamos el equipo de vóley y todas las mil y una diabluras que hemos hecho. El "Ñato" Pizarro, quien no sólo fue un profe sino un AMIGO más, me dio la posibilidad de integrar la selección de vóley y me incentivó a superar mis metas y controlar mi temperamento, lo cual no logró, ya que me terminaron apodando LIJA.
La pesca merece un recuerdo aparte, ya que es mi pasión por sobre todas las demás. Ya en el secundario nos hacíamos escapadas con Franco Mora, de lo más alocadas, para ver si picaba, en moto hasta Guaminí; y con los compañeros, y grandes amigos, como Alvaro Mora, con los que compartimos la pasión por ambas cosas: futbol y pesca.
-¿Dónde cursaste la primaria? ¿Qué compañeros y maestras recordás de esa etapa escolar?
-Cursé la primaria en la escuela número 2, Vicente López y Planes. Los compañeros que recuerdo son Javier Martínez (Arévalo, un gran amigo), Diego Fillia, Fabricio Criado, Betiana Frabiani, Carolina Marino, Ignacio Unzué, Fabricio Criado, Andrés Pérez, Evangelina Salgado, Evangelina Lastra, Paula Marcos, Juan Marcos Romero. Tengo un recuerdo imborrable de Hilda Baratucci; ella me dio un empujón enorme en mi vida. Creo que tengo un antes y un después de ese cuarto grado. Yo era un chico muy travieso, y ella me guió e incentivó mucho. También me acuerdo de María Cristina ("Kity") Barrera; ella también me dejó una huella imborrable, fomentando el cariño hacia la matemática, ciencia que utilizo a diario en mi trabajo actual.
-¿Y para el caso de la secundaria?
-La secundaria la hice en tres colegios. Empecé primer año en el Perito Mercantil, luego cursé tres años en el Liceo Naval Militar Almirante Brown, y finalicé en el Colegio Nacional, cursando cuarto y quinto año de bachiller. Mis compañeros (los que recuerdo) eran Alvaro Mora, Fabricio Criado, María José Cuadrado, Betiana Frabiani, Florencia Sánchez, Diamela Cruz, Laura Román.
-¿Recordás algún trabajo que hayas tenido en Henderson?
-Trabajé siempre ayudando a mi viejo en el taller; repartía diarios con Franco Flores, y también estuve con "El Nacho" en la frutería, haciendo repartos y comprando frutas en producción.
-¿Podés mencionar un momento particular que recuerdes junto a tus abuelos?
-Recuerdo muchos momento con mi abuela paterna, la abuela Inés, a la que siempre guardé en un lugar especial de mi corazón. Ella siempre estaba criando pollos o haciendo quinta en su casa de la calle Florida. Siempre recuerdo el té de cedrón muy dulce con el que me despertaba cuando me iba a quedar con ella. Siempre me pedía que le hiciera algún trabajito en el taller; que el jaulón para los pichones, que la puerta desmontable para que no le entren los sapos; siempre estaba haciendo algo, era muy inquieta, y tenia una mano para la costura impresionante. De mis abuelos no tengo recuerdos, fallecieron antes de que naciera, y mi abuela materna, la abuela Angelita, estaba postrada en cama debido a su ceguera producida por la diabetes.
-¿Cómo se llama la carrera terciaria y/o universitaria que cursaste, cuál es el título que otorga, dónde la hiciste y por qué la elegiste?
-Me recibí en el año 2000 de Licenciado en Administración de Recursos Humanos y Materiales para la Defensa, la Armada me dio el título de Guardiamarina, correspondiente al primer grado de Oficial de la Marina de Guerra. Cursé mi carrera en la Escuela Naval Militar entre los años 1996 y 1999, en Río Santiago, Ensenada, La Plata. Es una isla, sólo se accede a la misma por barco. Luego hice el Viaje de Instrucción, en el año 2000, en la Fragata Libertad. En los años 2003 y 2004 cursé la Especialización en Propulsión Máquinas, obteniendo la certificación para desempeñarme como Jefe de Máquinas en los buques de la Armada Argentina. Elegí la carrera con la profunda convicción de defender las fronteras marítimas de mi país.
-¿Te acordás el día que saliste por primera vez en la Fragata Libertad? ¿Qué significó ese momento para vos? ¿De dónde partiste y cuál fue el recorrido realizado en esa oportunidad?
-Claro que recuerdo con mucha nostalgia la zarpada de la Fragata. Son sensaciones encontradas y muy difíciles de describir. Tristeza por los seres que se quedan y vas a extrañar, y ansiedad por ver cómo es el mundo. Yo provengo de una familia que con gran esfuerzo me dio todo lo que necesité, pero conocer el mundo no es accesible. También sentí emoción por haber logrado mi sueño, y orgullo por saber que iba a representar a mi país, y me habían preparado de la mejor manera.
-¿Cuántos viajes realizaste en la fragata?
-Sólo viajé en el año 2000, en mi viaje de instrucción.
-¿Qué lugares conociste? ¿En cuál estuviste más tiempo y cuál te gustó más?
-El itinerario del viaje fue zarpada de Buenos Aires, en abril del año 2000, navegación a Fortaleza (Brasil), de ahí fuimos a Bermudas, luego a Charleston (EEUU), Filadelfia (EEUU), New York (EEUU), New London (EEUU), Halifax (Canadá), Portland Maine (EEUU), Southampton (Inglaterra), Boulogne Sur Mer (Francia), Bremenhaven (Alemania), Amsterdam (Holanda), Lisboa (Portugal), Isla Madeira (Portugal), Recife (Brasil) y llegamos a Buenos Aires por el mes de octubre.
Me es muy difícil elegir. Te podría decir que Bermudas es un lugar paradisíaco e increíble; y los demás lugares todos tienen algo diferente que lo hace únicos. Estuvimos cerca de dos meses navegando por la costa este de los Estados Unidos, de sur a norte. Es un país de un desarrollo impresionante. Ves ciudades grandes como Buenos Aires pero repetidas varias veces a lo largo de la costa; Filadelfia es enorme, New York igual; Washington, Boston son impresionantes. Europa se ve más histórica, de castillos y construcciones centenarias, conservadora en ese sentido.
-¿Alguna anécdota que tengas presente de ese viaje por distintos países?
-Tengo unas cuantas, pero voy a elegir una que me acuerdo bien. Habíamos alquilado un auto en Filadelfia y estábamos recorriendo Estados Unidos; nuestro objetivo era conocer Annapolis, que es la escuela de formación de oficiales de la Marina estadounidense. Viajamos hasta Baltimore, fuimos a conocer un acuario hermoso que tiene tiburones blancos en unas peceras enormes. Cuando era la tarde-noche salimos para Annapolis, llegamos de madrugada y paramos en el playón de una estación de servicio para descansar. Con tanta mala suerte que dejaron la ventilación del auto prendida. La cuestión es que me despierto, ya de día, todo acalorado, abro la puerta del auto, me bajo y despierto al resto. La cosa es que cuando queremos arrancar el auto, no teníamos batería. Como nunca en nuestra vida habíamos tenido cerca un auto de caja automática, lo intentamos arrancar empujándolo por una barranca. Cuando el auto alcanzó velocidad, tratamos de meter la marcha, y la caja de velocidad hizo un ruido impresionante, y por supuesto el auto no arrancó. Pensamos que lo habíamos destrozado. Nos quedamos por espacio de dos horas tratando de hacerle entender a un muchacho que pasaba corriendo, en inglés, que necesitábamos cables para arrancarlo. El tipo se fue y pensamos que estábamos en el horno, que no nos iba a dar bola. A los diez minutos viene el yanqui con un camionetón y los cables. Resultó ser un oficial instructor de la Escuela Naval, así que aparte nos consiguió el ingreso a las instalaciones que, de ser de otra manera, nunca nos hubiesen dejado pasar.
Víctor Alonso cuenta que una vez que se recibió lo destinaron a Bahia Blanca como Jefe de Aviación del Destructor Heroína. Allí estuvo un año y luego lo destinaron a Ushuaia como Segundo Comandante de la Lancha Patrullera Clorinda. También estuvo un año. "Cuando terminé mi especialización en Bahía Blanca me destinaron a Buenos Aires como Jefe de Máquinas del Multipropósito Ciudad de Rosario; estuve un año y me destinaron a Mar del Plata como Jefe de Máquinas del Aviso Suboficial Castillo, barco en el que me desempeñé hasta el año 2009, en el que solicité mi retiro de la fuerza. Obtuve el titulo de Maquinista Naval y me desempeño desde entonces como marino mercante en distintos barcos, pesqueros, petroleros y quimiqueros", añade el hendersonense respecto de su recorrido laboral después del viaje de instrucción.
-¿Cuánto fue el tiempo más prolongado que estuviste navegando?
-Lo más que he estado navegando fue durante mi viaje de instrucción, alrededor de siete meses. En cuanto al periodo más prolongado de navegación sin tocar puerto, fue en la pesca, casi setenta días, en un buque factoría.
-¿Generalmente cuál es el tiempo que estás afuera en cada viaje?
-Ahora trabajo para una empresa extranjera que transporta combustibles, desde Bahía Blanca hasta San Lorenzo, provincia de Santa Fe. Transportamos petróleo crudo para destilerías del lugar, en un barco tanque. Paso entre 60 días y 75 días embarcado.
-¿En qué consiste tu trabajo cuando estás embarcado y cuando estás en tierra firme? ¿Cómo es un día laboral tuyo?
-Me desempeño como Jefe de Máquinas. Mi tarea se resume en el control y mantenimiento de los equipos y motores que necesita el barco para funcionar, mantenerlos funcionando en las mejores condiciones. Trabajamos bajo estándares de seguridad muy avanzados, ya que el manejo de hidrocarburos volátiles es muy peligroso, tanto para el medio ambiente como para los operarios. Tengo tres oficiales maquinistas navales a cargo, tres asistentes mecánicos, un electricista y un mecánico.
Cuando me encuentro embarcado tenemos un horario de trabajo de 7 a 11 y de 13 a 18 horas, de lunes a sábado; los domingos estamos disponibles por si pasa algo; los demás hacen guardias de un oficial y un asistente, de cuatro horas por ocho de descanso.
Se hacen trabajos en sála de máquinas, como desmonte de bombas para mantenimiento, cambio de motores eléctricos, reparaciones de equipos y automatismos, cambios de aceite y filtros, cambios de inyectores, etcétera.
Cuando estoy en tierra paso aproximadamente unos sesenta días, haciendo las tareas de padre, trayendo los chicos del colegio, hago mantenimiento de la casa, hago cursos de actualización que me ordena la empresa, visito a mis amigos, a mis familiares y me dedico a disfrutar de mis hobbies.
-¿Cuántas personas van a bordo en los viajes?
-Somos treinta tripulantes.
-¿Todos varones?
-Sí, somos todos varones.
-¿Qué dimensiones y qué comodidades tiene un barco tanque que transporta combustible?
-Las comodidades son excelentes. Contamos con habitaciones con baño privado, gimnasio, sala de estar, sala de ping pong, televisión con DVD en los camarotes, pileta. El barco mide casi doscientos metros de largo y veinte de ancho; la sala de máquinas tiene nueve pisos. Estamos hablando de buques tanque de dimensiones importantes, transportamos alrededor de 40.000 millones de litros de petróleo crudo y quince tanques distribuidos a lo largo de la parte delantera de buque.
-¿Qué tareas hacen los demás tripulantes?
-Los demás tripulantes se distribuyen entre la gente de cubierta que atiende la carga, descarga y manejo del buque desde el puente; también realizan tareas de mantenimiento de cubierta, pintura, limpieza; está la gente de cocina, con el cocinero, un ayudante y el mozo; y hay dos bomberos, que no se condice con el término utilizado en tierra, ya que no apagan incendios sino que es personal especializado en el manejo de bombas de carga y descarga y maniobras de válvulas.
-¿Qué cosas realizan en los momentos de esparcimiento?
-Normalmente nos juntamos en algún camarote grande a ver películas, o se hace un poco de gimnasia, en horas nocturnas, cuando está todo tranquilo. ¡Para la pileta debe de hacer calor, ya que no está climatizada!
-¿Te ha tocado pasar fiestas de fin de año embarcado? ¿Cómo es esa experiencia?
-He pasado fiestas de fin de año en la Antártida. Es una experiencia no muy alegre, pero creo que cuando uno elige este trabajo empieza a darles a las fechas otra importancia. No es lindo para nada pasarla con gente con la que uno no tiene afinidad ni familiaridad, por supuesto, pero cuando te encontrás trabajando y tenés obligaciones que cumplir al otro día, el festejo es más medido, casi se disuelve; es otra cena, un poco más arreglada, con alguna sidra y punto.
En una ocasión organizamos una sorpresa para los tripulantes; llamamos durante el año a los familiares sabiendo que no íbamos a pasar las fiestas y les dijimos que nos mandaran los regalos de Navidad a Mar del Plata, que nosotros se los íbamos a entregar en la Antártida. Fue un trabajo interesante, ya que mucha gente se ponía a llorar sabiendo que su esposo, hermano, hijo o padre no iba a estar en las fiestas, pero luego, sobrepuestos, se comprometían y mandaron, desde todos los puntos de la Argentina. Los recolectamos en mi camarote y preparamos la sorpresa. Disfrazamos a un tripulante de Papá Noel y repartimos los regalos la noche de Navidad. Hubo una contrasorpresa, pergeñada con mi esposa y la esposa del capitán, quien nos había dado el regalo para su marido, y me mandaron un regalo a mí también. Fue muy emotivo todo, lo recuerdo como la mejor de las fiestas; pero no son alegres, siempre cargadas de nostalgia.
-¿Qué otro acontecimiento importante en tu vida ocurrió mientras estabas embarcado?
-He tenido unos cuantos, lamentablemente todo pasa cuando uno no está disponible; internaron en reiteradas oportunidades a mi padre y a mi madre, no estuve para el casamiento de mi hermana Angie, me he perdido fiestas del colegio donde mi hijo era abanderado, hace más de cuatro años que paso mi cumpleaños navegando, y los de mis hijos y esposa he faltado a varios. Gracias a Dios pude estar en el nacimiento de mis hijos, que ha sido una suerte.
-¿Por qué elegiste Mar del Plata y no otra ciudad radicarte con tu familia?
-Elegimos Mar del Plata por una posibilidad inmobiliaria que surgió al finalizar la primer campaña Antártica, por lo que decidimos comprar nuestra casa. Habíamos estado alquilando el año anterior en el barrio y nos pareció algo muy tranquilo, de casas bajas, alejado del centro y próximo al puerto, donde me inicié trabajando como marino mercante.
-¿Qué actividades disfrutan de realizar en familia o en forma separada?
-Con mi familia disfrutamos la playa, vivimos a ocho cuadras, así que la tenemos cerquita, en verano para refrescarse y en invierno ¡para tirar la caña! Disfrutamos de estar en familia, ya que mis ausencias son prolongadas, y la ciudad tiene cines, teatros. Somos hinchas de Peñarol, así que nos hacemos escapadas a la cancha para alentar al "Mil Rayitas" como le dicen acá. Tengo un kayak, así que, si no hace mucho frio, trato de hacerme al mar. Caminamos mucho por la costa y tomamos mates en la playa.
-En Mar del Plata están radicadas muchas personas de Henderson, ¿tenés contacto con algunas de ellas?
-Estoy en contacto con Sebastián Pizarro, que trabaja en Carrefour, en el sector de electrónicos, y este verano me lo encontré en una pileta a Matías Sonzogni, que estaba de guardavidas. Ah, y a Perla Gonzalo, que gestionó los trámites de compra del terreno. Son a los únicos que me he cruzado en la ciudad.
-¿Seguís extrañando cosas de Henderson? ¿Cuáles?
-Sí, extraño mucho a mis amigos: Arévalo, "El Gordo" Romero, "Pelusa", "El Ñato"; son parte de una etapa muy alegre de mi vida y comparten mis pasiones.
-Además de con la familia que vive en Henderson, ¿mantenés vigente el trato con amigos que también estén aquí?
-Sí, con Arévalo, con Juany Iglesias, con Gastón Pérez, con Fernando Ledesma, Silvina Alonso, Maxi Tkacic, Diego Pizarro, Gerardo Lépore.
-¿Con qué frecuencia visitás el pueblo? ¿Cuál fue la última vez? ¿Sabés cuál será la próxima?
-Voy a Henderson cada vez que estoy desembarcado. Los años anteriores no viajaba mucho, y el año pasado construimos una casita en Falucho y Florida para ir de vacaciones, así que nos hacemos una escapada cada vez que puedo. Estuve en Semana Santa. La intención es viajar en las vacaciones de invierno, si no, el fin de semana largo de agosto, seguro.
-¿Volverías a radicarte algún día nuevamente en el pueblo?
-Creo que si la inseguridad se acentuara donde vivo, sin duda me iría con mi familia a vivir a Henderson; es un lugar hermoso para criar a los chicos, a mis hijos les encanta la libertad que les podemos dar allá.
-Agregá lo que quieras.
-Viajo mucho y veo que, a pesar de todo, Henderson conserva la mansedumbre y tranquilidad de pueblo que uno añora acá, en las grandes ciudades. El vértigo y la despersonalización que uno sufre es muy grande, casi ni sabe quién vive al lado. Para suerte mía, el barrio donde vivo en Mar del Plata tiene mucha gente de pueblo; con decirte que mi vecina de enfrente es de Bolívar, nos saludamos todos los días y nos damos una mano todo el tiempo. Se sufre de inseguridad al entrar y salir de tu casa, sobre todo en horas nocturnas, pero vivimos acostumbrados a tener esos cuidados, con alarma, perro y demás. Mis hijos asisten a un colegio importante y prestigioso de esta ciudad, que, de egresar del mismo, les abrirá las puertas del mundo; por ello y la belleza innegable que tiene Mar del Plata es que mantenemos nuestra residencia en esta ciudad.
-¿Cuál es el colegio al que asisten tus hijos? ¿Por qué decís que si egresan allí les abrirá las puertas del mundo?
-Los chicos asisten al Instituto Juan Gutenberg; es el colegio oficial de habla alemana en Mar del Plata. Les abre las puertas del mundo debido a que posee un acuerdo con los países de habla alemana, Alemania, Austria y Suiza, para que sus estudiantes de sexto año de secundaria realicen un intercambio cultural de cuatro meses en cualesquiera de los países mencionados, asistiendo a clases e integrándose a la vida de una familia del lugar. El unico requisito es aprobar un examen de idioma avanzado, para el que el colegio los prepara desde la primaria. Poseen asimismo convenios con empresas alemanas en Argentina.
-Por último, gracias y feliz día del padre. ¿Tenés programado algo especial para este domingo?
-Voy a estar navegando, probablemente, así que, sólo trabajar. Saludos a todos los papás en su dia.