-¿Dónde vivías en Henderson?
-Vivía en la calle Roque Saenz Peña, frente al taller de Goy.
-¿A qué se dedicaban tus padres?
-Mis viejos son Alfredo Alonso (gallego) y Mirta Sonzogni. Mi viejo herrero y mi vieja ama de casa y peluquera retirada.
-¿Dónde cursaste la primaria?
-La primaria la cursé en la Escuela 2.
-¿Qué compañeros y maestras recordás de esa etapa escolar?
-Recuerdo de esa época que me gustaba llevar la honda, para cazar pajaritos en el viaje, salía más temprano (así estaban dormidos, decía), cuando llegaba a la escuela la guardaba en un escondite en una baldosa de la vereda, lo malo es que a la salida alguna vez tuve que “pelar honda” para que no me fajen, como aquella vez en la que en una riña con Raúl Cano, el pobre terminó con un piedrazo en la panza. ¡Cómo gritaba la madre en mi casa, quería que me lleven mis viejos a la comisaría! De compañeros recuerdo a Dani Bíscaro, Pablo Apraiz, Lucho Paties, Fernando Soria (actor y comediante del grado), el querido “Pato” Zaldivar, César Muzzo, y el galán del grado Elvio López. De las chicas recuerdo a Elina González, Claudia Pérez y Alicia Martínez, la rubia del grado. Pasábamos tardes enteras en el laguito de la plaza pescando, y si había agua cerca la pesca de rana era el mejor pasatiempos. Mis amigos del barrio eran todos más grandes y el taller de Goy era nuestra segunda casa, ahí siempre había acción. Recuerdo con cariño a Marcelo y a su padre que siempre tenía buenos consejos para los “vaguitos del barrio” y nos bancaba la construcción de los carritos a rulemanes, que, demás está decir, eran la envidia de las carreras con los mejores rulemanes del taller. Los terrenos baldíos y el chalet en construcción (hoy casa de Cantisani) se transformaban en escenario de los más variados, ahí jugábamos a lo que pintaba! hasta que caía la noche y la madre de alguno gritaba por décima vez y había que volver.
-¿Y de los veranos qué recordás?
-El verano lo pasábamos en la pileta de unión. Una quincena de carnet nos costaba unas o dos tardes de pileteros, con otros amigos nos encargábamos de la limpieza de las piletas, no existía el protector solar así que las quemaduras se curaban con tomate bien frio (como decía mi abuela); hoy como médico no podría recetarlo pero les aseguro que calmaba. Diego Pizarro era nuestro ídolo, todos queríamos saltar del trampolín como él, y se ocupaba de enseñarnos saltos ornamentales del trampolín alto. Nos hacia poner una remera “para el planchazo”. el Colo Fillia era el mejor lanzador de agua, tenía una técnica única, juntaba las manos y salía un chorro finito y largo que podía mojar a quien estaba en la terraza secándose. Dicho de paso , la terraza no tenía protección y nunca nadie se cayó, sino que por el contario, los más salvajes esperábamos a última hora para tirarnos desde el borde de a la pileta. ¿Locos? Nooo.
-¿Y la secundaria?
-La secundaria la cursé en el Colegio Nacional. Promoción 90, turno tarde. Esa época pasó muy rápido para mí. Cuando salía a la noche del Colegio iba a cursar a la Técnica electrónica y electricidad con el querido profe Camblor (ahí están los títulos esperando ser colgados). En el Colegio, fui un zafador crónico, detestaba ir al lago a gimnasia. Por suerte a partir de segundo año, como trabajaba en la panadería El Cañón de jueves a lunes, me dejaban faltar. De la panadería me quedó el mejor de los recuerdos, de todas esas madrugadas mientras horneábamos el pan escuchando los bolazos del amigo Baraona: siempre tenía una historia y si no la inventaba. Qué gran tipo. En aquellos años nos juntábamos para ir a los bailes de Mones Cazón. A mi me gustaba volverme con el “Galle” Sánchez al campo donde estaban sus viejos, nos despertaba el padre con asado y la vieja cocinaba de locura.
-¿Qué amigos te quedaron de aquella época? ¿Mantenés contacto con algunos de ellos?
-Sí, seguimos en contacto con los muchachos que viven en La Plata, siempre es lindo recordar aquellos años; y cuando vuelvo al pueblo con el troesma Fernando Ledesma nos ponemos al día.
-Después vino la etapa universitaria ¿por qué elegiste estudiar medicina en La Plata? -¿Qué te dejó aquella etapa de vida de estudiante en el CEUH?
-Tener el CEUH para muchos de los pibes que terminábamos la secundaria y queríamos seguir estudiando fue una bendición. En aquellos años te decían “La Plata es un pueblo grande”. Aquel año 91 llegamos en patota al CEUH, Hernán Sánchez, José Duche, Fernando Sequeira, Omar Nieva, Juan Pedro Romero, Fernando Miguel, Adrián Zunino, Facundo Urtizberea, y a alguno más que no recuerdo. Casi todos viajábamos a Henderson a dedo y los que tenían un familiar como yo con camión teníamos la vuelta gratis. Eso sí, el viaje con mi tío el “Oso” Mangas duraba un tanto más y los primeros viajes terminabas quemado con el agua de la pava. Para los que viajaron en camión jaula me van a entender, las vaquitas no quieren llegar al matadero así que se mueven lo suficiente como para que un inexperto se queme cada vez que intestás calentar con la garrafita portátil.
-¿Sos médico, pero cuál es tu especialidad y dónde trabajás actualmente?
-Me especialicé en nutrición y medicina del deporte, trabajo en City Bell en consultorio y en el servicio de emergencias en la ciudad de Ensenada.
-¿Cómo está compuesta tu familia?
-Estoy casado hace 12 años con Silvina, la morocha más linda de Ensenada y tenemos dos niñas, Valentina de 10 y Candela de 6.
-¿Qué actividades disfrutan de realizar en familia o en forma separada?
-Lo que más nos gusta es viajar, así que cuando podemos lo hacemos. La pesca y el kayacs son mis pasatiempos.
-¿Cuál es tu lugar preferido en La Plata?
-Por suerte La Plata tiene mucha movida cultural y siempre hay algún lugar para visitar.
-Hay muchos hendersonenses en esa ciudad, solés encontrarte con algunos de ellos?
-Por suerte acá en La Plata tenemos la peluquería del “Cabeza” Luber, ahí una vez al mes te ponés al día de los episodios del pueblo y siempre te encontrás con otro ex compañero del CEUH. Y de paso te cortás el pelo. como a él le guste ese día.
-¿Qué es lo que más extrañas del pueblo?
-En estos tiempos de tanta inseguridad y cosas que pasan en la ciudades, lo que más añoro del pueblo es la tranquilidad y la libertad con que se crían los pibes allá. Acá tenés que llevarlos a cada lugar que van y cuando crezcan y salgan solos no creo que nos quedemos tan tranquilos como se quedaban nuestros viejos allá. Además, en el pueblo siempre tenés alguien cerca que te va a dar una mano, acá en la ciudad se vive demasiado apurado. Igual yo sigo durmiendo la siestita todos los días para hacer honor a la vida de pueblo.
-¿Visitas Henderson con asiduidad?
-Tres o cuatro veces al año viajamos al pueblo.
-¿Cuándo lo visitaste por última vez, sabes cuál va a ser la próxima?
-Estuvimos en el verano. Ahora, en los próximos días estoy viajando seguro, aprovechando que Cochicó está lindo para el pejerrey. Con Fabio Sonzogni y Fernando Ledesma le hacemos a la pesca seguro.
-¿Cómo ves el pueblo hoy respecto al que dejaste hace más de 20 años?
-Al pueblo uno siempre lo ve lindo, mucho más cuando voy para el Henderson Canta y está la plaza llena de gente. Me gustaría que terminaran algún día la entrada del Chocón y le pongan un cartel grande en esa ruta así los que pasan para el sur saben que a unos pocos kilómetros está nuestro pueblo. Y que el CEUH de 48 vuelva ser la casa de todos los pibes que vamos a estudiar a La Plata.
-¿Volverías a radicarte en Henderson?
-No es la idea volver, pero… uno nunca sabe.
-Gracias y agregá lo que gustes.
-Agradecer por la nota. Mandarle por este medio un abrazo grande a los que volvieron al pueblo, a mi amigo y hermano Meca , mis ex compañeros y hoy médicos Gastón y Juan Pedro. A mi familia, y especialmente a mis tías que siempre me tiraron una soga cuando se ponía fea la cosa por acá. Y feliz cumple a mi vieja que hoy, 4 de mayo, está cumpliendo años.