09-01-2014 08:33 |
Facundo Urtizberea, un hendersonense radicado en La Plata, nos envió en la noche de este miércoles, 8 de enero, el texto que compartimos a continuación. Lo escribió con el corazón, a las pocas horas del fallecimiento de Andrés Fernández, uno de sus mejores amigos
En la foto de archivo, enviada por Facundo,
se ve a él a la derecha y a Andrés a la izquierda.
Ironías de la vida… hoy fue el cumpleaños del menor de mis hijos… hoy también me enteré de que ha muerto Andrés. Se fue uno de mis mejores amigos.
Al estupor que genera una muerte temprana, se le agrega la burla de saber que murió en La Plata, pero cuando lo supe, ya lo estaban llevando a Henderson.
No podré estar ahí para despedirte, pero van estas palabras como forma de expresar en mi recuerdo, mi dolor y el apoyo a tu familia.
Nos conocimos a principios de los ochenta. El venía con su familia de Bs As y compartimos los últimos años de primaria en el colegio Santa Teresita. Pronto nos hicimos muy buenos amigos. Teníamos mucho en común… casi tanto como lo que nos diferenciaba. En cualquier caso bastó para ser amigos por 30 años.
Al terminar la primaria se fue a estudiar al Liceo Naval (primero) y luego culminó los estudios en el Liceo Militar. Debió ser el más pacifista de la promoción. Siempre nos mantuvimos en contacto. Cuando no venía por el pueblo, sus padres (Enrique y Rene) fueron el nexo.
La universidad nos volvió a juntar en La Plata. Yo Psicología, él Agronomía. Compartimos viajes, miles de reuniones, planificamos algunas aventuras (que no concretamos) e incluso vivimos juntos casi dos años. Recuerdo que me llenaba el departamento de plantines, lo cual atentaba contra cualquier conquista femenina, ya que la casa tenía un olor a vivero imposible de soportar. El trabajo en el campo le tiraba más que los libros, y por eso se volvió a Henderson. Yo me quede en La Plata, y sigo aquí.
En cada retorno al pueblo nos reuníamos y, sin más, retomábamos la charla como si la hubiéramos interrumpido minutos antes. Supe que no fue fácil la vuelta. Nunca fue un visionario para los negocios, pero qué garra le ponía. Tuvo buenas y malas (como todos), pero algunas de sus malas fueron duras. Nunca se entregó, siguió en pie. Sus hijos son testigos.
En los últimos viajes lo vi feliz… tal vez como nunca antes. Me queda ese consuelo. El de verlo enamorado y pleno. Como yapa, la vida nos permitió ver cómo nuestros hijos también se hicieron amigos. Pocas cosas reconfortan tanto.
Se fue Andrés... Un tipo con una ternura inconmensurable. Atento y cordial… con la sonrisa siempre dispuesta. Todo un orgullo de la madre. Juro que en mi vida no le conocí una maldad. Valiente como pocos para tolerar los golpes de la vida y tenaz como el que más para levantarse y volver a comenzar.
Serás parte, siempre, de mis mejores recuerdos. Allá donde estés, te mando el más grande de mis abrazos. Hasta siempre.
Tu amigo. Facundo.