08-11-2010 23:30 |
El programa de reciclado de tapitas de plástico y papel, que lleva adelante hace varios años la fundación del hospital Garrahan, es conocido masivamente a través de las campañas publicitarias. Sin embargo, en nuestra ciudad la acción solidaria para con este hospital tiene detrás una historia de vida y un agradecimiento inmenso de una familia del medio. A continuación la cuenta la protagonista
Actualmente Franco tiene diez años y una vida normal como cualquier chico de su edad, junto a sus padres y dos hermanos mayores. A los tres años, y por una derivación que hizo su pediatra al Garrahan, le diagnosticaron una enfermedad incurable, que debe ser controlada de por vida. Se trata de fibromatosis del tipo NF1, una patología de carácter hereditario, que se exterioriza en el cuerpo a través de manchas en la piel, con el agravante de poder generar quistes en distintos órganos del cuerpo, los que tienen que ser evaluados periódicamente por profesionales.
Marcela, mamá de Franco, habló con Hendersonline y contó parte de la experiencia de vida que les tocó vivir con esta enfermedad, y cómo surgió la idea de devolver todo lo que les brinda el hospital y su cuerpo médico, sumándose a la campaña de recolección de tapitas que luego son recicladas y transformadas en nuevos y mejores servicios a disposición de los pacientes.
"Cuando la pediatra de Franco, la doctora Claudia Méndez, me dijo que existía la posibilidad de que fuera una enfermedad grave, sentí que se me terminaba el mundo. El diagnóstico lo tuvimos después de muchos estudios. A los tres años de Franco se confirmó que padecía de fibromatosis NF1, una enfermedad que no tiene cura y que debe ser controlada de por vida. A los seis meses, a Franco le empezaron a salir manchas en la piel de color café con leche, sólo eso, no tenía síntomas. Por eso es tan difícil el diagnóstico”.
“Primero -continuó Marcela- lo tiene que notar la mamá, y después viene la consulta. Lo que hay que controlar es que la mancha no crezca. Cuando aparece tiene que mantener el mismo tamaño, más allá del estiramiento de la piel por el crecimiento del nene. También es importante el control de los médicos, que se hace regularmente a través de ecografías o resonancias magnéticas, para detectar la aparición de quistes, que, por supuesto, hay que evaluar. Franco, por suerte, nunca tuvo que ser operado”.
En su explicación, la mamá ahondó: “Así surgió nuestra relación con el hospital. Ya hace casi siete años que vamos a control, y la atención es excelente, sin pagar un solo centavo. Tengo que decir que uno se siente contenido por todo el personal de la institución, que es excelente. Y nos pareció que sumarnos a la campaña de reciclado era una forma de devolver un poco de todo lo que nos brindan. Y así fue como comenzamos a repartir folletos en los colegios y negocios, explicando la idea, comprometiéndonos a buscar las tapitas y luego llevarlas a destino. De esto ya hace dos años, que justamente se cumplieron el 17 de octubre”.
“Recuerdo que el año pasado salimos para el Garrahan el día de la nevada. Llevamos cuatrocientos setenta y ocho kilos de tapitas estivadas en bolsas de arpillera. Ahora ya tenemos otros quinientos kilos, más unos cinco mil de papel. No sabemos cuándo vamos a poder llevarlos, se nos complica por el trabajo y por el tamaño de la carga. Tenemos una camioneta, pero no alcanza. Consultamos en la municipalidad para ver si nos pueden ayudar con el traslado”.
Marcela no olvidó los agradecimientos. “Tengo que agradecer a Cooperativa de Agua Potable, que nos donó la mayor parte del papel. Es curioso, pero me han pasado muchas cosas desde que juntamos las tapitas. Hay lugares donde recepcionaron muy bien la idea, como los colegios, jardines de infantes y negocios de comestibles, pero en el lado opuesto hay personas que me han preguntado, por ejemplo, a cuánto las vendo y cuánto gano, o he escuchado planteos como ‘para qué voy a colaborar si a mí no me ayuda nadie, que se encargue el Estado’. Creo que las personas que piensan de ese modo lo hacen por ignorancia, no se ponen en el lugar del otro, pensando que a ellos nunca les va a tocar. Pero creo que nadie esta exento de que le pasen este tipo de cosas".
Además de destacar la importancia de estos programas, la mujer sostuvo que “cuando nosotros comenzamos, el objetivo era construir una nueva sala del quemado, y se logró. Yo estuve presente y lo pude constatar, y sentí que habíamos hecho, entre todos, algo maravilloso. Más allá de la enfermedad y del dolor, los chicos van a estar mejor atendidos. También hay un lugar equipado para que los padres del interior, con chicos internados, puedan quedarse. Y se siguen comprando distintos elementos y tecnología".
Al finalizar la nota preguntamos a Marcela hasta cuándo pensaba mantener la campaña en Henderson. Ella nos respondió:: "Yo también pregunté le mismo a un referente de la fundación del hospital, y me contestó: ‘Todo el tiempo que sea necesario y lo requiera el hospital’. Entonces, te digo lo mismo. Vamos a continuar hasta que nos digan basta, tenemos que pensar que ayudamos a ayudar doblemente. No sólo estamos ayudando al hospital, sino también al medio ambiente".
Para aquellos interesados en colaborar, las tapitas de plástico que sirven para reciclar son las de gaseosa y agua mineral. Las pueden llevar a todas las despensas y supermercados donde vean los bidones con el nombre de la campaña, o acercarlas a diagonal Hipólito Yrigoyen Nº 309.