Nació y vivió en Henderson los cuatro primeros años, luego estuvo en Magdala hasta los dieciocho, un tiempo en Mones Cazón y en María Lucila. También en Daireaux, volvió al pueblo natal y al año y medio partió al lugar donde aún reside. Su actividad, por el trabajo de sus padres, primero, y el de su ex esposo (Luis Emiliano Gauna), después, ha estado vinculada al campo.
Tiene cuatro hijos, fruto de su matrimonio con Gauna: Fabián Alejandro, a quien le dicen “Dibu” y tiene 27 años; Diamela Elin (24); Daniela Evelin (23) y Santiago Ezequiel (16). Todos viven en Piquillín. Los dos varones y la hija menor, en la misma casa con ella, y Diamela en otro lugar del pueblo. La mayor de las mujeres está en pareja y hace casi seis años que hizo abuela a Norma: el 21 de septiembre Agostina soplará la sexta velita.
Cuenta la mamá que “Dibu” es locutor y realiza animaciones en los boliches y en los carnavales. Ahora trabaja en una agencia de autos. Sobre Diamela dice que “baila árabe; mi nieta también, la hija de ella. Además hizo un curso de peluquería, así que corta el pelo, peina, maquilla. En estos momentos también trabaja en YPF”. En cuanto a Daniela, “también trabaja de empleada en un comercio”. Y por ahora “el más chiquito no hace nada. Está en la secundaria”. A Santiago le gustan muchos los caballos: “Tiene un pony que es la mascota de la casa”.
En nuestro pueblo los padres de Norma viven en “Florida al fondo”, orienta la protagonista de hoy de No te olvidés del pago, y precisa: “Enfrente de lo de Felisa Valverde, la madre de Néstor y Oscar”.
La primaria la cursó en Magdala, lugar en el que con su familia estuvo hasta que contaba con la edad en que los varones realizaban el servicio militar. Tanto en Magdala -en la estancia Las Achiras-, como luego en Mones Cazón -estancia La Mariana-, los cuatro integrantes de la familia Gómez tenían sus tareas definidas. “Mi mamá era la cocinera, yo la mucama, mi hermano era el parquero y mi papá atendía el campo”, cuenta Norma.
En la última localidad estuvo unos pocos meses, ya que se casó y se fue a vivir a María Lucila, porque con quien contrajo matrimonio trabajaba de quesero en la fábrica San Carlos. Pasaron cuatro años allí y el próximo destino fue Daireaux, donde su estadía se prolongó por doce meses, hasta que fue el turno de regresar a Henderson, donde ella se dedicó a cuidar a sus tres primeros hijos, que eran chicos, y su ex marido trabajaba como tractorista. El cuarto retoño nació en Piquillín.
-¿Por qué decidieron irse a Córdoba?
-En la fábrica San Carlos había un encargado de apellido Sanabria, quien se vino a Córdoba, a Canal, a trabajar en SanCor. Cada vez que él iba a Henderson, nos visitaba, y se lo quería traer a Gauna.
Sanabria además abrió una fábrica de quesos en Piquillín. Tanto insistió con la propuesta, que finalmente convenció a Gauna. Entonces éste viajó para probar suerte como encargado de la incipiente fábrica. Estuvo veinte días y regresó a Henderson a buscar a su familia.
Eso fue en 1990; desde entonces Norma está radicada en este pueblo ubicado en el departamento de Río Primero, sobre la ruta nacional 19 y a unos cuarenta kilómetros de Córdoba capital. El último dato oficial del Indec publicado respecto de la cantidad de habitantes es de 2001, y registraba 1.170 personas vivían en el lugar. De modo que sigue siendo un pueblo chico, donde se conocen todos y, en líneas generales, reina la tranquilidad
-¿Es así, Norma?
-Sí, la tranquilidad es lo principal que tiene el pueblito.
-Dejan las casas y los autos abiertos, las bicicletas en las veredas.
-Sí, lo hacemos, tenemos esa tranquilidad; cuando te va a pasar, te a va pasar acá en Piquillín, en Henderson y en cualquier lado.
-¿Y la gente del pueblo cómo es?
-Es muy buena, muy familiera; yo tengo relación con todo el mundo.
En lo concerniente al clima, Norma indica que “es más seco”, y que en este invierno, “a pesar de que no heló, hizo mucho frío”. Otra cosa que resalta es “no llueve, no llueve, está muy seco”. Recordemos que por estos días alrededor de unas 40 mil hectáreas fueron quemadas como consecuencia de un incendio de enorme magnitud.
En cuanto a la vida nocturna, reconoce que prácticamente no hay, que en ese sentido “es muy aburrido”, pero eso no significa un obstáculo, porque la gente tiene otros puntos geográficos cerca para salir y divertirse. “El primero (Río Primero) está a 15 kilómetros, el segundo (Montecristo) está a 18 kilómetros y la capital a 40 kilómetros; así que la juventud y la gente en general se va”, señala nuestra invitada de hoy.
-¿Cuál es tu trabajo actual?
-Trabajo en una balanza de pesar camiones. En realidad, pesa lo que vaya; puede ser una camioneta o una chata con chanchos, o con leña, una jaula de vacas; es una balanza pública, pesa lo que vaya.
Norma lleva en este trabajo la misma cantidad de años que de separada: cuatro. Además de esta tarea, limpia dos casas.
Respecto de actividades extralaborales, la mujer cuenta que voy a “gimnasia, los lunes, miércoles y viernes; gimnasia aerobic”. También suele ir a bailar los sábados.
Norma Gómez estuvo por última vez en Henderson en enero de este año, y tiene pensado volver también el primer mes del próximo año, cuando tenga las vacaciones. Con sus padres -que a veces se hacen una escapada a Piquillín- quizás se vea antes, para las fiestas. Lo que sí hace hace es hablar permanentemente por teléfono con ellos: “Todos los días; a la mañana a mi papá y a la tarde a mi mamá”.
Con relación a si regresaría a vivir en Henderson algún día, relata que “la intención de mis viejos y mi hermano era que yo fuera cuando me separé, pero no me pude despegar de mis hijos, no me pude alejarme de ellos. Ya mis hijos estaban grandes y no iba a poder llevarlos”.
Por último, Norma agradece por haber sido tenida en cuenta para compartir con nosotros y ustedes su acontecer lejos del pueblo que la vio nacer, y envía “un cariño a toda la gente de Henderson”.