12-09-2013 01:06 |
El domingo pasado, en lo que fue la última fecha del campeonato liguista, el entrenador Maximiliano Loza incluyó en el once titular a Ariel Andrada (en la foto, agachado, junto a compañeros de curso), un marcador central que está en la institución desde la Octava división. El joven relató su experiencia a Hendersonline
Nota y foto: María José Cuadrado
Colaboración: compañeros de Ariel
Ariel Andrada tiene 18 años y venía jugando en la Cuarta categoría del fútbol de la institución con sede en calle Rivadavia. El último domingo, el entrenador de la Primera división decidió incorporarlo en la lista de los once que saldrían a disputar el partido de local ante San Martín, de Pehuajó.
El defensor cuenta a Hendersonline que está en Fútbol Club “desde chiquito, desde Octava división”, y que actualmente viene jugando en la Cuarta, de marcador central, con el número 6 en la espalda.
Reconoce que en la previa al debut en la categoría más importante del fútbol rojiverde, “estaba recontento y muy nervioso” a la vez.
Parte de esos nervios quizás tuvo que ver con que al rival que le tocó marcar “no lo conocía, y encima me dijeron que era el mejor jugador de ellos, (Marcelo) El Nabo Locastro”.
-¿Qué te pidió el DT antes de salir a la cancha?
-Me pidió que jugara, nomás, que les hiciera caso a los referentes.
-¿Y qué te dijo después sobre tu desempeño?
-Que le había gustado.
Al momento de preguntársele por el jugador que más le gusta de la Primera del club al que representa, Ariel responde: “Me gusta como juegan Maxi Ochoa y el chico que trajeron”.
Consultado respecto de si está triste porque terminó el torneo o contento porque puede prolongar sus salidas sabatinas, el marcador central no se inclinó por ninguna de las opciones: “Las dos cosas”, indicó.
En cambio fue categórico con relación a los aspectos que considera debe mejorar para la próxima temporada. Aquí señaló: “Todo, desde lo físico”.
Al igual que Sergio Squarzón en Juventud y otros futbolistas de las categorías menores de ambos clubes de Henderson, Ariel Andrada también vivió una tarde especial dentro del campo de juego, cuando le tocó pisar el verde césped con la casaca de la Primera división del club de sus amores pegada al cuerpo.
Es un buen síntoma para la salud de las instituciones deportivas de nuestro pueblo que poseen la disciplina fútbol, que sus directivos y entrenadores tengan más en cuenta, al momento de armar los planteles de Primera, a quienes vienen vistiendo los colores del club desde pequeños. Y las hinchadas, seguramente, estarán agradecidas.