Se accidentó en el frigorÃfico, hace tres meses que no cobra y denuncia varias irregularidades
Juan Carlos Suárez es de Pirovano, pero hace dos años que vive en nuestro pueblo; de ese tiempo, dieciséis meses los lleva como empleado de la empresa Frigorífico Industrial Henderson SA.
En diálogo con Hendersonline cuenta que comenzó a trabajar en el ex matadero municipal cuando el titular era Sergio Cipolat (de Pehuajó), quien luego se lo alquiló a Daniel Herrero (de Daireaux).
Para su ingreso dice haber quedado seleccionado, junto a ocho más, entre 109 personas. “Buscaban gente especializada”, expresa quien define a su oficio como “desbastador”, y se autoincluye en la categoría “calificado de primera”.
-¿Te enteraste por un aviso de que necesitaban personal?
-Sí, por un aviso en la radio. Entonces me anoté en lo de Daniel Cantisani, porque él era el que anotaba a la gente.
-¿En el estudio jurídico de Cantisani?
-Sí, ahí. El le daba una mano a la gente que compró este matadero.
-¿En qué consiste tu tarea en el frigorífico?
-Es una de las tareas más principales. Hay que abrir la panza del animal y sacar todo lo que es triperío, sin dañar adentro al animal. Hay que saber hacerlo, no es para cualquiera.
El accidente
La peripecia para Juan Carlos empezó alrededor de las 7 de la mañana del 21 de junio, día feriado.
“Me corté tendones, me corté extensor y me corté los nervios de los dedos pulgar, índice y mayor de la mano derecha. No me sirven para agarrar un cuchillo, o para manejar una tenaza”, relata Suárez.
-¿Cómo ocurrió el accidente?
-Yo me caí, me resbalé del palco donde trabajo, se me dio vuelta el cuchillo y me cortó la mano derecha.
-¿Qué es el palco?
-El palco está a una altura de dos metros, y abajo hay gente que está trabajando, que saca las cosas, las tripas que van cayendo. Así que menos mal que me caí ahí arriba, porque si caía abajo capaz le clavaba el cuchillo en el cuello a algún compañero.
De inmediato, el accidentado fue llevado en auto al hospital Saverio Galvagni por el encargado que había en el frigorífico en ese momento.
En el nosocomio local “me atendió la pediatra Paola Vergara”, quien fue le aplicó los puntos de sutura en la mano.
-¿Solamente te cosieron? ¿No te sacaron ninguna placa?
-No, nada, nada; así nomás, a lo carnicero.
“A los diez días, más o menos, me fui a un traumatólogo a Pehuajó, al doctor Larrea, porque veía que la mano iba mal. Y ahí descubren que tenía los tendones cortados”.
-¿Y en Pehuajó qué te dijeron?
-El traumatólogo me derivó a la Clínica de la mano de La Plata.
En este sanatorio de la capital provincial Suárez fue operado el 27 de julio. El tiempo que transcurrió entre la derivación y la intervención quirúrgica se debió a la demora que le demandó los trámites del seguro.
“Si ellos (la empresa) hubieran hecho la denuncia enseguida al seguro, como corresponde, yo tendría la mano bien”, dice, con una mezcla de resignación y bronca, y afirma que tuvo que encargarse de esta tarea, y de todo el tramiterío, junto a su mujer.
-¿Desde qué tuviste el accidente, Herrero se preocupa por si necesitás algo?
-Nada, nunca me llama, nunca.
-¿Y de los tres meses de sueldo que te deben, qué te dice?
-A veces no está; a veces me dice `vení mañana´, voy al otro día y no está; y así.
-Pero hay que buscar excusas tres meses seguidos…
-Sí, pero sabés que las tiene el tipo a las excusas, eh…
El empleado subraya que a veces va hasta seis veces por día con la esperanza de que le paguen, y agrega que, aparte de los sueldos atrasados, también le adeudan aguinaldo y horas extra.
Este lunes fue a pedir un poco de plata porque tenía que viajar a Avellaneda, y le dieron 300 pesos.
Precariedad laboral
Suárez señala que con Sergio Cipolat estaba todo en regla; así, les entregaban recibo de sueldo, tenían obra social, la indumentaria y las herramientas correspondientes y un horario fijo de entrada. Esto -agrega- duró unos cinco meses, hasta que del frigorífico se hizo cargo Daniel Herrero. A partir de allí aparecieron los recibos “truchos”, dejaron de tener obra social, de respetarse los horarios de ingreso, “están todos en negro”, “no tienen ropa, no tienen casco, no tienen botas, no tienen guantes; nada, nada. Hasta los cuchillos tienen que comprarse”.
“La situación de acá es brava”, no duda en enfatizar el hombre accidentado, y asevera que a esa situación cargada de las irregularidades que pone de manifiesto la denunció tanto a nivel nacional como en la subdelegación de Trabajo local y en la regional de Pehuajó.
En dependencias de Capital Federal se presentó antes de operarse, con fotos del lugar donde desempeña sus tareas, con su testimonio y “con la mano” lesionada. Según dice, “desde arriba les llegó una orden de clausura, pero acá no sé qué pasó, quién acomodó” porque el ex matadero municipal sigue funcionando.
En la subdelegación de Trabajo de Henderson “me dijeron que no tenían competencia y que no podían hacer nada”, que “lo único que podían hacer era tomarme una declaración o algo parecido, pasarla a otro lugar, y desde ese lugar mandan acá para que hagan la inspección”.
Ese otro lugar es Pehuajó, por lo que Juan Carlos fue directamente a la vecina localidad, donde la delegada regional “me tomó los datos, todo muy bien”. A decir del empleado de Frigorífico Industrial Henderson SA, vinieron a realizar la inspección y “encontraron todo en malas condiciones”. Entonces “le han dado un plazo para que eso se acomodara, pero no sé de cuánto tiempo sería el plazo, porque todavía sigue igual”.
La culpa no la tiene el chancho y nadie dice "mu"
“De lunes a viernes se matan entre 150 y 180 animales por día. Vacas, chanchos, todo mezclado; lo único que falta matar ahí es caballo y perro, después se mata de todo…”, enfatiza el hombre que se encuentra lesionado en la mano derecha. Agrega que los sábados se matan “200, 250 chanchos”, a los cuales el domingo a la noche los llevan para Buenos Aires. “No tienen control ninguno, eh, todos en negro van -amplía-. No los revisa ningún veterinario. Nada, nada, nada”.
-¿Y con los animales que faenan en la semana pasa lo mismo? ¿No tienen ninguna habilitación?
-Nada, nada, nada; todo en negro. Ahí llegan los animales de noche.
-¿Viste también pocos controles municipales?
-Cayó hace poco Arrospide (Arturo), que lo conozco al hombre, pareciera un muy buen tipo. Sacó unas muestras a unos cerdos. Pero no va seguido. Cuando estaba Cipolat iba siempre Enrique Freixá, que ordenaba todo el matadero.
-¿Ahí había más control?
-Ahí sí. Y la ropa los obligaba Enrique Freixá a que te la dieran por el tema de Senasa. El hombre estuvo muy bien plantado ahí y se hicieron las cosas bien.
Juan Carlos viajaba en la noche del lunes 2 a Avellaneda porque el martes tiene turno con un traumatólogo, derivado por la ART que lo cubre, Provincia Seguros.
Lo que más ansía este hombre de 42 años es recuperar en el mayor porcentaje posible la funcionalidad de su mano derecha, pero anhela además que se reviertan las irregularidades que afirma hay en Frigorífico Industrial Henderson SA. Y le gustaría que también las denunciaran los otros empleados.
Quizá esta nota sirva para que quienes tienen la responsabilidad de verificar in situ si todo lo expuesto por Juan Carlos Suárez es cierto, lo hagan; y que en caso de constatar que realmente es así, procedan a implementar las respectivas sanciones para con las personas pasibles de las mismas.