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Finalizó con éxito la XII edición del Café literario

24-10-2010 03:27 | El último viernes, 22 de octubre, se llevó a cabo, en el salón del sindicato de Empleados de Comercio, la XII edición del Café literario “Emma Jonas”, organizado por la Escuela de Educación Media Nº 1 y patrocinado este año por la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Hipólito Yrigoyen. Informe y uno de los trabajos ganadores

En el certamen literario se presentaron ochenta y dos obras, en los géneros poesía y narrativa.

Los escritores ganadores fueron distinguidos con medallas, y también se realizaron menciones especiales en todas las categorías.

Los trabajos fueron evaluados por un jurado, integrado por las profesoras Liliana Insa, Etelvina Clelia Sánchez y Olga Mabel Yrigoyen.

Los presentes no sólo disfrutaron, como ya es tradicional en esta reunión, de un completo refrigerio, sino también de la actuación de los alumnos de los talleres municipales de instrumentos de viento y ballet, dirigidos por los profesores Humberto Rissi y Alicia Castillo, respectivamente.

Por su trayectoria y aporte a la cultura de nuestro distrito, la XII edición del Café literario fue declarada de interés legislativo, a través del decreto Nº 07/2010, por el Honorable Concejo Deliberante de nuestra ciudad.

 

A continuación transcribimos Esa noche, cuento ganador en la categoría E adultos. Su autor es Pablo Enrique Nicola Martínez, quien por tercer año consecutivo obtuvo un galardón en este certamen literario.

 


Esa noche

La joven  apareció en el bar con un sencillo vestido, una camisa abierta al tercer botón y  unos zapatos rojos que llevaban el polvo de los viejos muebles sin cuidado.

Así fue como despertó  los ojos cansados de aquellos hombres, los brazos doloridos recuperaron sus fuerzas, las piernas, su vitalidad, los corazones comenzaron a latir de nuevo. Ellos, que sólo esperaban que la otra se decidiera a venir, ahora, suplicaban que espere un tiempo más.

Aquella noche Jaime, el dueño del local, se quedó sin vino. “- Tuve que ir a despertar a los Rojas  pa’ que me vendan un esqueleto de tinto, traían seis botellas, de las cuales llegaron cuatro, las otras se cayeron y al rosado sabor de la vid lo bebieron los arenales,  porque los fui a buscar en bicicleta y yo había tomado lo mío...”- manifestaba el comerciante años después del suceso. Luego de una larga pitada al Chester largo, aclaraba: “- Los otros me hacen doler la cabeza”, entonces seguía: “-Ni cigarros quedaron. Qué noche gloriosa. Muchos seguimos viviendo por ella, a ver si vuelve, eso sí, todos la recordamos de formas diferentes, yo por lo que vendí, el zapatero Demiguelle por un taco, en fin, era un brindis tras otro; el “Marañon” en sus distintas tonalidades desfilaba por las mesas. Agradecíamos a la vida por la belleza, le prendimos una vela a una virgen morenita que me había regalado mi vieja el día que inaguré el boliche, estaba en un rincón, toda llena de polvillo la pobre. Por fin se había acordado de estas tierras, de este desolado paraje perdido en la pampa. La última vez que la  santita nos tuvo en cuenta,  paró la lluvia, después de la inundación que nos dejó sin nada, desamparados…”


“-Sin nada no, acordate de las nutrias”, sentenció un parroquiano.

Esa misma noche, también atravesó la  puerta de madera del bar, un francés que había llegado al pueblo con el desastre hídrico, años atrás. Vino a instalar  una empresa de turismo en bote.

“-Egsta segá, la  Gan Venegcia de lags pampags, de Améguica, si el gobiegno me ayiuda con cieng mil pesog…”-manifestaba el galo, en un dificultoso castellano. Buscaba financiamiento y  cantores, que serían a su vez los boteros y entretendrían a los turistas con sus melodías. Utilizó el boliche para seleccionar algunos. Fue elegido Amarildo, quien renunció minutos más tarde cuando escuchó las condiciones de trabajo: cantar ópera, y no tomar una gota de vino. En la escueta renuncia verbal el ganador  manifestó: -“No señor, lo mío es el tango…”.

Refiriéndose a los zapatos de la joven aquella noche, el zapatero Demiguelle relató: “Eran importados, ese cuero no lo conocía. Lo primero que  miro a una mujer son los zapatos, para saber quién es hay que mirar qué calzado lleva. Al del pie izquierdo le faltaba el taco.”- dijo el artesano del buen andar, con una pronunciada dificultad fonética.  “-Le ofrecí  arreglárselo. Para eso había que ir a mi zapatería. Cuando llegamos la piba me comentó que le gustaba la lectura, y yo en cada casillero de zapatos que voy arreglando tengo un libro. Entregaba el zapato y les leía un poema, estrategia de márquetin maestro. Tengo mis teorías acerca de la lectura: mujer que calza del 35 al 38 se inclina por un Benedetti, un García Lorca; del 38 al 40, Cortázar, Galeano,  Arlt, Girondo: ‘… y bajo las escaleras arriba y subo las escaleras abajo…’; del 40 en adelante Borges, Bioy Casares, Ocampo, Sábato.” Afirmaba Demiguelle, para continuar: “-La teoría a veces falla. Con la piba no, fíjese, calzaba 37 y se volvió loca con Benedetti, esa poesía que dice: ‘…no te salves, no te llenes de calma, no reserves del mundo solo un rincón tranquilo, no dejes caer los párpados pesados como juicios, no te quedes sin labios, no te duermas sin sueño, no te pienses sin sangre, no te juzgues sin tiempo…’, lo leyó y se le caían las lágrimas. Me pidió si podía cortar la hoja, se la dí, es la única que sé de memoria.

Le ofrecí el local para dormir, dónde iba a ir con ese frío; le bajé un colchoncito que  usaba cuando tenía mucho trabajo y no volvía a casa. Le mostré donde estaba la pava, el mate, el calentador; que hiciera como en su casa, “no tengo casa’ me dijo.


La luna iluminaba la silueta de los zapatos. Una vecina que nos vio entrar le fue con el cuento a mi señora… vaya a saber qué le habrá dicho, lo cierto es que cuando volví, en casa me esperaban las valijas en la vereda y todo el vecindario ofreciendo pañuelos a mi esposa. Lo único que pedí fue la camiseta de Independiente. Alguien  la tiró desde la ventana.


A los pocos días la piba se fue, era una linda compañía. Me encerré en la zapatería.  Al tiempo no resistí más y caminé hacia la estación de trenes, con pantalón corto,  medias tres cuarto,  botines Sacachispas de un cliente que nunca los retiró, y la diez firmada por el Bocha. Llegué y me quedé ahí, tirado sobre las vías. Estuve como tres días esperando el tren, según me contaron. Me despertaron unos pibes gritándome: ‘¡Dale Campión, dale campión…!’, muertos de risa. Los saqué corriendo. Y aquí me tiene. Nadie me avisó que el tren no pasaba más”.


EME

 

Lluvia: 10 milímetros registró Marcelo Posada Pulverizaciones con el agua caída en la madrugada del domingo 16 de agosto. Así informaron a Hendersonline desde el hangar.

 
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