07-07-2013 13:16 |
La sala colmada del Nicasio Oroño recibió a Coral Henderson en la fiesta por su trigésimo aniversario de existencia. Además del público local, mucha gente viajó desde distintos lugares del país para acompañar y disfrutar del concierto denominado Razón de vivir. La velada culminó con una ovación de pie por parte de los presentes
Bajo la dirección del profesor Vicente Pérez, los coreutas demostraron que siguen tan vigentes y plenos como en sus comienzos, allá por el año 1983.
El concierto había sido declarado de interés legislativo, por representar haberse constituido el Coral en embajadores culturales al llevar el arte y representar a nuestro pueblo en nuestro país y en el extranjero.
La iluminación, el sonido y la escenografía impecables, dieron el marco soñado para engalanar la noche festiva para la familia coral, como ellos se definen.
En pantallas gigantes se pudieron apreciar imágenes de varios de los momentos vividos en estos treinta años, en los cuales pasaron más de 230 voces y realizaron más de 350 conciertos en el país y en el exterior.
Se pudo ver a un Vicente Pérez muy emocionado, no sólo por los reconocimientos que en plena gala recibió el por parte del intendente, Enrique Tkacik, sino también por las palabras de ex coreutas y familiares de los mismos, que contaron parte de las vivencias y anécdotas. Una mayor emoción le provocó al director del coro cuando esas palabras salieron de boca de su hijo, Gastón Pérez.
Y el Coral Henderson seguía cantando para ellos y para todo el público presente, que aplaudió constantemente, al punto de emocionar hasta las lágrimas a Lucrecia Longarini, oriunda de Dudignac, quien con su increíble voz deleitó a todos.
Y el fervor continuó durante las catorce piezas que cantaron, pasando por un repertorio que incluyó a Víctor Heredia, Atahualpa Yupanqui, María Elena Walsh y Astor Piazzolla, entre otros.
No podía faltar la versión de Balada para un loco, interpretada por Marcos Tamborenea, una de las canciones emblemáticas del coro, de la cual Pérez hizo los arreglos hace diecinueve años.
Ya la noche no podía pedir más, el Coral Henderson había dado nuevamente cátedra de tenacidad, esmero, dedicación, trabajo en grupo y amistad. Para la canción final-Que Dios te bendiga-, subieron todos al escenario: los actuales coreutas y los que alguna vez estuvieron; todos, nadie de esta gran familia del coro quiso perderse el festejo; ahí sí, ya las lágrimas no pudieron contenerse.
La velada transcurrió a flor de piel, en una mezcla de júbilo y mucha emoción. Todo transcurrió como estaba pautado y fue una verdadera fiesta. Recuerdos, chistes y anécdotas también pusieron color a la noche sabatina; es que estaban en familia, eso se pudo notar desde las sillas.
Al final, el público ovacionó de pie, con un aplauso prolongado. “Sublime”, “Fantástico”, “Impresionantes”, fueron algunos de los calificativos que se repitieron entre los asistentes al terminar la función. La razón de vivir de Coral Henderson había quedado de manifiesto.
Nota y fotos: María José Cuadrado