14-04-2013 12:51 |
Compartimos otra entrega de este rinconcito que hemos cedido a la abuela Pipa para que nos haga el cuento, o se inspire en el cuento que nos hacen otros. Hoy presentamos Fractura en una sociedad expuesta
Fractura en una sociedad expuesta
Al igual que todas las veces que iba a la panadería de la otra cuadra, doña Antonia se aprestó a bajar a la calle y caminar por ésta hasta la esquina, porque los autos de la agencia “El Luna”, que estaba al lado de su casa, le impedían hacerlo por la vereda. Pero esa mañana, su visión y unos escombros apostados al lado del cordón le jugaron una mala pasada, y la mujer tropezó y cayó pesadamente contra el asfalto.
Como el médico de su obra social no atendía ese día en el pueblo, la anciana fue asistida por un profesional en la guardia del hospital. La radiografía ordenada por el facultativo corroboró lo inevitable: fractura de cadera.
Tras la pronta intervención quirúrgica a la que fue sometida la octogenaria, sus hijos decidieron que lo mejor era que su madre fuese internada en un geriátrico, para que la rehabilitación que tenía que hacer y el seguimiento médico tuvieran mejores y más rápidos resultados que si volvía de inmediato a su hogar.
Pasó poco más de un mes del infortunio y ahí anda doña Antonia: caminando lento en una habitación del segundo piso y esperando que se desocupe otra residencia para gente mayor, así puede recibir la visita de su única hermana, a quien, debido al exceso de peso, le resulta imposible subir y bajar escaleras.