11-04-2013 16:26 |
Lo conocen como Pancho, apodo con el que firma los libros y las facturas. Dice, en broma, que su madre ya sabía que el nuevo Papa se iba llamar Francisco. Aquino nació hace 73 años en Berisso, y comenzó a escribir a los 53, por casualidad. Antes fue hachero y gerente de una maredera, entre otros trabajos. En esta oportunidad está acompañado por una señora, Liliana, pero siempre viaja solo. Su mujer se encarga, en la casa, de contestar en la computadora todos los mensajes que llegan. Compartimos la charla con el escritor que hasta el viernes estará en el colegio Santa Teresita
-¿Cómo fue el comienzo de esta pasión que hoy en día te mueve por las ciudades?
-Fue una casualidad. Yo me crié en Florencio Varela. Mucha pobreza. Estuve hasta los 17 años, me dediqué a hacer trabajos muy pesados, porque ganaba más dinero; mucho en el campo y en el monte. Después entré en una maderera, hasta que llegué a ser gerente. Un día, a mis 53 años, escribí un poema llamado Añoro, y desde ahí no paré más. No sé qué pasó, saqué un primer libro y se agotó.
Sucesivamente lo llamaban de distintas escuelas, a los chicos les gustaba mucho. Cuando quiso darse cuenta estaba convertido en un escritor infanto-juvenil, sin pensarlo. Así que en el 2001 dejó el puesto en la maderera, y hoy en día tiene escrito 46 libros, con más de 90 ediciones, y vive totalmente de esta pasión.
-¿Encontrás algún tipo de diferencia entre los chicos del interior y de Capital?
-Yo cobro un arancel, que está al alcance de todos, y visito todo tipo de escuelas, mayormente públicas. Sí, hay; igual los chicos son divinos en todos lados. La diferencia la encuentro en los padres. A Capital ya no voy más, por más que me paguen; son, generalmente, muy soberbios, no le dan valor a nada. Hay muchos lugares en el país, y los chicos son todos iguales. En la feria del libro de cualquier escuela, los chicos se comportan todos bien.
"Añoro", su primer poema
Fue su primera publicación, en 1992. Lo recitaron, entre otros, Luis Landriscina y Juan Carlos Mareco. Además, Argentino Luna, su amigo por 35 años, grabó el tema “Añoro” en el último CD, y también le escribió “La Pancho Aquino”, una huella muy linda. “Yo lo conocí desde que iba a buscar maderas al aserradero para sus hijas, que tenían una verdulería”, recuerda Aquino a su amigo.
Pancho iba a estar en nuestro pueblo el año pasado, pero, por inundaciones y paros, se suspendieron las fechas y no pudo venir.
“Actualmente también está todo complicado; la suma de muchas cosas: se complican las ventas, las fechas; todo, en realidad”, dice el escritor.
Agrega que “Este colegio (por Santa Teresita), el año pasado trabajó toda mi literatura en todos los años; eso genera mucha expectativa de conocer al autor, y eso es lo que está pasando”.
Este viernes el autor dará charlas sobre valores, adicciones y otros temas. Serán destinadas a chicos mayores de 11 años y público en general. “No es taller una vez que se termina la charla, luego sí pueden preguntar, pero generalmente quedan petrificados, shokeados; cuento la historia de un amigo mío que murió de sida”, explica Aquino.
Según el escritor, el que entra no puede salir, y el que salió no puede entrar; “cierro la puerta y no entra más nadie, porque, en realidad, la historia yo la conozco, pero ellos no, y si se distraen, se pierden la historia”.
Fanático de los mates, manda a hacer y regala a sus amigos: “El mate es nuestro, algo que nos une dice”, indica, al tiempo que posa al lado de un mate.
Pancho Aquino estará próximamente en la Feria del Libro en Buenos aires. Algunos de los libros publicados por el autor son: “La vaca enamorada”, “¿La vaca? ¡Se casó!, “¿La vaca? ¡Se divorció!”, y “La vaca cuenta chistes”. La vaca en cuestión se llama Margarita, es su marca registrada.
Hendersonline agradece a Pancho Aquino por su buena predisposición para la nota y el presente otorgado.
Nota y foto: María José Cuadrado
Compartimos el poema "Añoro"
Si lo encuentras, dile que cada día que pasa lo recuerdo más, que pienso mucho en él.
Me parece verlo, jugando a la pelota en el potrero, con sus amigos, siempre sonriente, diciéndoles piropos a las chicas.
O en las tardecitas cruzar el campito para llegar hasta el arroyo y quedarse a pescar hasta la noche.
Lo recuerdo también en el colegio, jugando con los otros chicos al vigilante y ladrón.
Cierro los ojos... pienso en él y siento ganas de llorar.
Si lo ves dile que lo extraño mucho.
¡Ah! Claro... me preguntas: ¿Cómo es él?
Te diré: quita de mi rostro esta blanca barba, pon sobre mi cabeza desordenados cabellos, borra las arrugas, arranca de mi calendario por lo menos cuarenta años, agrega una sonrisa de chiquilín y lo estarás viendo.
Pero, por favor, no te olvides de recordarle que lo extraño mucho... por favor: ¡díselo!