Darío Chalú tiene 45 años, de los cuales, más de una tercera parte la vivió en Henderson. Tiene dos hijos: Nehuen, de 22 años, y Wenceslao, de 12. Actualmente está en pareja con Vicky.
En nuestro pueblo vivía en la calle Yapeyú, casi Sarmiento. Completó la educación primaria en la escuela Nº 1 y cursó la secundaria en el ex colegio Nacional, establecimiento del que egresó en 1985.
“Tuve una infancia maravillosa”, rememora, y bucea en su memoria emotiva para afirmar: “Teníamos un monte en la esquina, que era refugio de los mejores momentos, y un potrero a la vuelta, donde se armaba fútbol los sábados después del almuerzo y hasta que ya ni se veía la pelota”.
Recuerda al barrio “dirimiendo disputas por la Coca Cola mezclada en una damajuana con vino”. Y del barrio, de la patria chica, suelta apellidos de algunos amigos: “Los Brion, los Ayala, los Acuña”.
En etapa de secundaria, además de al fútbol, “jugábamos a los indios en el monte, armamos pista de bicicross para las Auroritas y hasta un ring de boxeo. Todavía recuerdo una pelea con el Kaita Otero que duró horas, con gente que pasaba y se quedaba mirando”.
En la adolescencia también “jugábamos a la Operación Cero; con los Rojas, el Narigón, Flavio... Pero mejor no entrar en detalles de tales sucesos…”.
Darío no duda en asegurar que de todos esos años que estuvo en el pago chico, y de todos los amigos que cosechó, “tengo recuerdos imborrables, que me van a acompañar toda la vida”.
-¿En qué año te fuiste de Henderson, a dónde y por qué?
-En el ´86 me fui a Buenos Aires, a jugar al fútbol a Argentinos Juniors. Los primeros tiempos fueron muy duros en Capital. No podía acostumbrarme a viajar en colectivo. Muchas veces me bajaba descompuesto. Por el acento o la tonada, muchos creían que era uruguayo.
Un año después sufrí una lesión que me marginó para siempre del sueño de vivir del fútbol, así que me fui a La Plata a estudiar no sabía bien qué. Arquitectura, diseño gráfico, escenografía... probé de todo, hasta que me recibí de actor en la escuela de Teatro de La Plata.
-Un paréntesis acá para preguntarte si viste el debut de Juan Pablo Lemos en la Primera división de Argentinos Juniors y, si fue así, qué te pareció.
-No lo vi a Juan Pablo, pero tengo un amigo hincha de Argentinos que va siempre a la cancha y me dijo que es un pibe con muchas condiciones.
-¿Cómo viviste la época de estudiante en La Plata, y la etapa en el CEUH?
-Fueron épocas maravillosas, de mucho agite en todo sentido. Vivía en el Ceuh, con gente de otras edades que nos transmitían nuevas experiencias. Eran muy divertidas las reuniones, las comilonas y los debates políticos. Personalmente creo que esa etapa en el Ceuh marcó un antes y un después en mi vida. De abrirse y compartir con los demás. Eran épocas de mucha creatividad. La casa era el lugar donde todos estábamos contenidos. Siempre había alguien dispuesto a escucharte. Los referentes de entonces eran Adrián Camps, Tito, Rogelio, y el último de los filósofos anarquistas, Delfor Gorri. Cada día era un aprendizaje nuevo de vida. Fueron tan importantes aquellos concubinos circunstanciales que los sigo recordando con afecto entrañable.
-Seguramente atesorarás muchas anécdotas del paso por la casa de calle 48, ¿alguna que se te venga en mente ahora?
-Recuerdo una anécdota como una travesura. Cierta vez se habían juntado a hacer el juego de la copa con Daniela Macías, una amiga que siempre pasaba por el Ceuh. Era una noche cerrada. Cuando llegué a la casa, no se oía un ruido, y todo estaba oscuro. Arriba, en la pieza de Gustavito Miguel, todos estaban reunidos alrededor de la mesa, con mucha tensión. No hice ruido, ni anuncié mi presencia. Desde afuera empecé a hacer voces raras y ruidos de desodorantes vacíos que caían al baldío de al lado… Se armó un alboroto tal que terminó con el patrullaje de varios policías que barrían el lugar y sacaban conclusiones acerca de por dónde podría haber salido el ladrón... Una broma pesada que terminó con todo el mundo shokeado hasta las tres de la mañana. Cuando conté la verdad, hubo gente que no me habló por varios días…
Ya recibido de actor, Darío se casó y se fue a vivir a Berisso. Fue papá de su primer hijo, Nehuen. Tenía su grupo de teatro independiente y un programa de radio. Además militaba en el Partido Intransigente y trabajaba de letrista.
Camarero de día y figurante de noche; Brad Pitt, abuelas de Plaza de Mayo y la Bersuit
Al tiempo, el hendersonense quedó en una audición en el teatro Colón como figurante de ópera, así que terminó yéndose de nuevo a Capital. Así lo cuenta: “Trabajaba en el Colón, como camarero en un restorán y hacía comerciales para la tele. Fui soldado austríaco en una película de Brad Pitt en Mendoza, y escribía obras para las abuelas de Plaza de Mayo en Teatro por la Identidad. En esa época la literatura me tenía cautivado, sobre todo la poesía. En un concurso organizado por la radio Mega quedaron seleccionadas algunas letras para Bersuit Vergarabat (La calavera, Boqueteros y Los malandras)”.
De esas publicidades que realizó para la pantalla chica quizá muchos recuerden una que promocionaba un producto, de marca Empecid, para combatir a los hongos de los pies.
Jagger, la mesa está servida
“La gastronomía me fue ganando cada vez más. Me mudé a Los Cardales, un lugar a 60 kilómetros de Buenos Aires. Un pueblito de campo, con mucho de Henderson. Fui chef de un restorán italiano y tuve a mi segundo hijo, Wenceslao”, introduce Chalú chef en el mundo que lo apasiona.
“Al tiempo armé mi primer emprendimiento de catering y fui contratado por una hostería de campo. Venían turistas vip de todo el mundo. Así le cociné a personalidades como Mick Jagger y Vladimir Putin. Ahí comprendí que la comida tiene un lenguaje universal”, amplía.
De Putin al millonario
El invitado de hoy de No te olvidés del pago relata la experiencia de cuando fue contratado como cocinero personal por un potentado: “Cocinaba para él, su familia y amigos en el piso más alto de Capital, y cada tanto hacíamos viajes por el mundo: China, Japón, Africa. Fue como haber hecho un curso intensivo de idiomas y cocina del mundo; una experiencia enriquecedora, que voy a agradecer de por vida.
Un bostero en Núñez, no va a andar
“Tuve un restorán cerca de la cancha de River. Fue un intento fallido, que sirvió para acumular experiencia en una ciudad tan vertiginosa y ecléctica como Buenos Aires”, reflexiona este boquense de cuna.
-Contanos un poco de tu vida actual.
-Hoy vivo en Ingeniero Maschwitz. Sigo con mi emprendimiento de catering, que se llama Cocina Chalú, dentro del cual recientemente lancé un nuevo producto, que es Chalú Wok, un delivery de comida china gourmet que cada día gana más adeptos en la Argentina.
Mi mujer es artista plástica, así que nuestra casa se ha convertido en un taller de arte y cocina, donde siempre andan amigos; costumbre del pueblo que espero nunca perder.
-¿Seguís dándole a la redonda?
-Sí, sigo jugando. Participamos en un torneo de fútbol amateur con mis amigos. Soy el arquero y capitán de los Leones de Congo. ¡La pasión de los sábados es infinita!
-¿Estás yendo a ver a Boca?
-A la cancha voy poco. Vivo en un lugar de mucho verde y mucha paz y armonía, por lo que ir a Buenos Aires es toda una movida, que no siempre dan ganas de hacer. Igual llevo a mi Boca en el corazón, y la radio donde quiera que esté.
-En una oportunidad escribiste para un periódico de Henderson algunas historias pintorescas. ¿Seguís en contacto con la escritura de alguna forma?
-Escribo siempre, porque quizás es lo que más me gusta hacer. He investigado mucho sobre la nueva cocina argentina y sé que en algún momento eso derivará en un libro. Algunos amigos de Henderson me están pidiendo que vuelva a escribir aquellas historias, De los pagos for export. Me divierte y me enorgullece saber que se sienten de algún modo identificados con esas anécdotas, así que me he puesto a relatar nuevos capítulos.
-También conseguías logradas caricaturas. ¿Seguís trazando rasgos sobre el papel de vez en cuando?
-En cuanto al dibujo, creo que lo he trasladado más a la cocina. Trato de que en un plato haya algo estético manifestado. Mi vida ha sido siempre una caricatura. Mi grado de exposición y el espíritu aventurero han hecho de mí un tipo exagerado y escasamente medido. Como dijera el amigo Gorrito: la vida es un teatro de situaciones.
“No creo que vuelva a vivir en Henderson, como no creo que vuelva a ningún lugar de donde me fui; es mi naturaleza buscar nuevos horizontes, sabiendo que nada es para siempre. Pero tampoco me fui del todo, siempre estoy al tanto de los afectos y de ese pueblo que me dio las más puras alegrías. Por eso, a pesar de haberme ido hace más de 25 años, toda vez que me preguntan de dónde soy, no dudo en responder: DE HENDERSON, SOY”.
Agradecemos a Darío Chalú por su buena predisposición para compartir con nosotros y con ustedes parte de su historia de vida lejos del pago chico.