30-12-2012 09:40 |
La historia de hoy recuerda a uno de esos bomberos apasionados de los tantos que ocuparon y ocupan el cuartel local. El hombre, ya fallecido, se vio sorprendido por el llamado de la sirena en una incómoda posición para salir, pero no dudó e hizo un desastre en la carrera por el deber
En la casa había una fiesta de cumpleaños. Los concurrentes eran varios y colmaron el lugar. El hombre había quedado atrapado en la cabecera de la mesa, contra la pared, y a ambos lados había familiares sentados que prácticamente le hacían imposible abandonar la posición. Para colmo, pese a su sobrenombre, no era nada “chiquito”.
En medio de la celebración irrumpió un sonido externo. Era la sirena de los bomberos y el hombre sintió el irrefrenable llamado del deber. Se vio encerrado, sin poder salir. Casi desesperado tomó la opción más rápida pero desastrosa para la continuidad del festejo: pasó por arriba de la mesa.
En la corrida, esquivando platos y vasos, no pudo evitar dar un mal paso y chantar uno de sus pies sobre la torta. No se detuvo y salió rumbo al cuartel con los zapatos llenos de crema.