Miguel Manso está radicado en Rincón de los Sauces junto a su esposa, Daniela Galeano, y sus cinco hijos: Victoria, de 15 años; Benjamín, de 10; Valentín (6); Felipe (4) y Simón, de un año y medio.
“Mis padres son Lilí Sequeira y Manuel Manso -el Negro-. Vivíamos en la calle Roque Sáenz Peña 547”, indica Miguel, como para que quienes no lo ubiquen directamente lo hagan a través de sus padres.
“Mis amigos de la infancia son casi todos los mismos que hoy en día: Rubén Neri, Federico Burgos, Carlos Canepare, Silvio Albornoz y otros amigos del barrio, como Juan Manuel Ferreira, los Bíscaro, mis primos Salgado; con Juan Pablo era con el que más relación tenía, porque íbamos juntos al jardín, a la escuela, a todo… (risas)”, cuenta este hendersonense radicado en tierras sureñas .
Sobre los juegos que disfrutaba de chico, expresa: “El que más nos gustaba era el fútbol. En ese tiempo jugábamos en lo que hoy en día es el salón del Biguá, donde había un baldío grande. Otros juegos eran las guerras, las escondidas, como todos los chicos”.
Miguel cursó toda la primaria en la escuela Nº 2, y la secundaria en el colegio Nacional, establecimiento del que egresó en el año 1992.
Algunos de sus compañeros varones de la hoy EEM Nº 2 son: “Sergio Green, Diego Miguel, Javier Ramírez, Pedro Bordoy y varios más, que en este momento no me acuerdo; les pido disculpas (risas)”.
En cuanto a las mujeres menciona a: “Silvana Calles, Marina Basso, Julieta Deluca, Sandra Tolosa, Claudia Aguilera, Modesta García, Analía Hernández y… no me acuerdo de las otras… (risas). Otro perdón...”.
Después de la etapa de secundaria Miguel continuó sus estudios en el Instituto de Formación Docente Nº 13 de Pehuajó, donde obtuvo el título de Profesor de Educación Física.
En la vecina localidad también conoció a quien hoy es su esposa. “Mi señora es de Pehuajó, nos conocimos cuando cursaba el cuarto año de mi carrera. Ella estudiaba de noche en el Nacional. Empezó a ir con unas amigas al lugar donde alquilábamos -la casa de Fina- y, después de varios encuentros, nos hicimos de novio; desde ahí estamos juntos”, relata Miguel. Y agrega que “ella después empezó a estudiar Asistente Social en el Instituto Nº 13, pero no alcanzó a recibirse porque nos vinimos a vivir al sur...”.
Henderson – Francisco Madero – Rincón de los sauces
“Me fui de Henderson en el ´98, aproximadamente, buscando trabajar de lo mío, porque mientras estuve en Henderson sólo trabajaba los veranos como profe, y durante el año solamente en el gimnasio de Juan Alberto Martín. Después fui albañil, pintor y vendedor ambulante, hasta que me dieron la posibilidad en Francisco Madero de trabajar con las inferiores del club Maderense; así empezó mi carrera como profesor”, explica Manso acerca de cómo fueron sus primeros años ejerciendo su profesión. Y amplía: “Después de dos años de trabajar en Maderense con un grupo de padres maravillosos, el trabajo empezó a decaer; entonces tomé nuevos rumbos, y caí donde vivo hoy en día: Rincón de los sauces, mi ciudad”.
-¿Por qué a Rincón y no a otro lugar?
-Me vine a Rincón porque tengo un amigo de la carrera, Marcos Andrés Cavallotto, de Pehuajó, que en cuanto nos recibimos se vino a trabajar a un pueblo que está a 140 kilómetros de acá. Todos los veranos, cuando se iba de vacaciones al pago y me veía cómo estaba yo económica y laboralmente, me decía: “Dejá de renegar y venite al sur, que hay mucho trabajo”; y me nombró Rincón de los Sauces.
-¿Te costó adaptarte al principio?
-No fue fácil al principio adaptarse, ni acostumbrarse al clima y a la gente; acá todo es muy diferente en cuanto a las relaciones. El clima fue lo más difícil de superar; los vientos son increíbles y permanentes, vuela polvillo constantemente, no hay demasiado verde, todo es rocoso y árido. Pero al pasar los años y al ver que económicamente mejoramos, uno se adapta a todo.
-¿Qué cosas podés destacar del lugar?
-Lo que más rescato de Rincón es la naturaleza que tiene muy cerca: un volcán, un río, cavernas, cañadones donde se encontraron los primeros huesos de dinosaurios, y mucho más. Para los que les gusta todo lo natural, como ir a acampar y pescar, Rincón tiene todo. El volcán donde llevo a los niños del jardín es hermosísimo, se llama Auca Mahuida y tiene 2.400 metros de altura. También hay muchas especies autóctonas y flora propia del lugar.
-Contanos un poco en qué consiste tu trabajo.
-Gracias a Dios tengo cuatro trabajos: a la mañana estoy de preceptor en una escuela técnica, esto es un interinato; a la siesta trabajo en el Jardín de Infantes Nº 37, donde soy titular; y a la tardecita, los días de semana trabajo en Petrobras, dando trekking para los empleados de la empresa. Además, los fines de semana doy rugby.
-¿Qué actividades te gusta realizar fuera de lo laboral?
-Trato de disfrutar cada finde que puedo, de irme con amigos y familia a pescar, jugar al padel, al tenis o al fútbol.
-¿Hay trabajo en general en Rincón? ¿Cuál es la fuente laboral que mayor demanda tiene?
-Rincón es una ciudad en pleno crecimiento, por lo tanto hay mucho trabajo. No es tan sencillo, como por ahí se piensa, venir y al otro día estar trabajando en una empresa, como todos quieren, pero sí se consiguen changas todos los días.
El fuerte de trabajo es todo en relación con el petróleo, y el año que viene se cree que van a empezar a realizarse las vías del ferrocarril, por donde se transportará el potasio que se va a extraer.
El único inconveniente que tiene Rincón para cuando venís a buscar trabajo es el dinero que traigas como para aguantar hasta que conseguís algo, ya que acá todo tiene un costo altísimo, sueldo petrolero (risas).
-¿Qué aconsejarías a algún hendersonense que esté evaluando la posibilidad de ir a probar suerte a Rincón?
-A los hendersonenses que se quieran venir les diría que lo hagan, como siempre acostumbro, pero teniendo los recaudos que te mencioné con respecto a la plata. Trabajo se consigue, y si la suerte te acompaña, en poco tiempo progresás mucho, ya que los sueldos de acá no se comparan con los del pago.
-¿Conocés otras personas de Henderson que vivan allí? ¿Tenés contacto con ellas?
-Cuando ya estaba instalado y trabajando en Rincón me enteré de que había otro hendersonense, Ricardo Casella, el Cone. Enseguida nos contactamos, porque teníamos una relación de chico con él, y mi señora empezó a trabajar en su negocio.
Al tiempo de estar radicados vinieron varias personas más de mi querido Henderson. Todos consiguieron trabajo, pero algunos no se acostumbraron a la vida de acá y se volvieron, como el caso de Marcelo Dechía; Andrés Hernández también se volvió. Los que vinieron y no se fueron más son Adrián Torres y Carolina Alvarez, con los que mantenemos contacto permanente.
-¿Estás al tanto del acontecer del pago chico?
-Estoy al tanto de todo, ya que mis viejos siguen en el pueblo, y tengo a la mayoría de mis amigos de Face de Henderson. El contacto es permanente, ya sea por teléfono, con mis viejos y amigos más cercanos, o por Face, con el resto de mis amigos.
-¿Seguís extrañando cosas del pueblo?
-Lo que más se extraña de mi querido Henderson son mis amigos y mi gente.
-¿A tus hijos les gusta Henderson?
-¡Mis hijos adoran Henderson! Es más: todos los veranos es una pelea para volver, porque no se quieren venir (risas).
-¿Con qué frecuencia viajás al pueblo natal? ¿Sabés cuándo será la próxima vez?
-Antes de que falleciera mi hermano solamente íbamos en vacaciones; después de ese año, cada vez que puedo me hago una escapada. Ahora estuve en octubre, y las Fiestas las voy a pasar allá. Hace seis años que no paso las Fiestas en el pueblo, por el trabajo, ya que manejo todo lo referido a la pile de la empresa, pero este año dejo todo armado y me voy con mis viejos.