23-12-2012 15:02 |
Cuatro hermanos que vivían en la avenida San Martín, cuando aún no estaba el barrio y todavía pasaba el ferrocarril, decidieron dar un paseo. La desesperación de sus padres y vecinos se calmó cuando regresaron a la tardecita en un transporte inesperado
Los chicos, cuya familia tiene una tradicional vocación por el voluntariado de bomberos, se autodefinen como bastante traviesos cuando eran chicos. Los tres varones y la nena decidieron una tarde darse una vuelta en tren.
Esperaron la llegada de la vieja formación del Midland y se colaron en uno de los vagones. El paseo iba bien hasta que un guarda advirtió su presencia y los hizo bajar en la estación de Coraceros.
Sus padres, al pasar un buen rato sin que regresaran al hogar, comenzaron a preocuparse. Preguntaron en el barrio y nadie los había visto. Comenzó la infructuosa búsqueda de los pequeños, que se extendió por un par de horas, hasta que alguien divisó una zorra que venía del lado de Coraceros
El jefe de la estación de ese paraje traía de vuelta a los pequeños traviesos, en una de esas zorras que andaban con un sistema de propulsión a mano, con una especie de palanca que accionaba las ruedas al subirse y bajarse.