25-11-2012 10:28 |
Pintaba como uno de los mejores programas de la noche, pero había un inconveniente: no estaban invitados. Igual el grupo se la jugó y, usando de “carnada” a un ex noviecito de la chica, logró entrar en la fiesta
La chica, que ahora es abogada, cumplía 15 y los festejaba en el segundo salón de la Sociedad Española. Obviamente invitó a familiares, amigos y sus compañeros del turno mañana del por entonces Colegio Nacional.
Los chicos del turno tarde, que se habían reunido en la casa de uno de ellos, no tenían buen programa aquel sábado, y calcularon que tampoco se pondría bueno el boliche porque, además de ese cumpleaños, que concentraba buena parte de los chicos de su edad, había otra fiesta privada donde concurrían otros jóvenes.
“¿Y si nos intentamos colar en el cumpleaños?”, dijo uno, más por decir algo que por un verdadero convencimiento de su propuesta. Pero a los demás no les pareció descabellado y, por consejo de otro de los muchachos, algunos se fueron a buscar un saco a su casa como para no caer en la fiesta demasiado informales. Calcularon llegar después de la cena y para la hora del baile. El objetivo era danzar un rato y ligar algunos vasos de cerveza gratis.
“Están locos, no nos van a dejar entrar”, especulaban los más pesimistas, sobre todo porque “somos diez”. “Bueno, vamos, si no podemos entrar nos volvemos para el boliche”, respondían los entusiasmados.
Cuando llegaron a la puerta del salón formaron una fila contra la pared, y en la punta se colocó un muchacho, hoy comerciante, que había tenido afinidad con la cumpleañera, y si bien el noviazgo estaba concluido, la relación entre ambos era buena. Mandó llamar a la chica y ella se asomó.
Divisó al primero y al segundo de la fila y dijo “¿qué hacen acá?”. “¿No podemos entrar a bailar un rato”?, preguntó el ex novio. “Sí, sí, pasen”, invitó ella, hasta ahí convencida de que los únicos nuevos participantes de la fiesta eran los dos que podía ver desde el umbral, sin divisar la fila que había detrás de ellos. Cuando los vio se sorprendió y dijo “ah..., pero vinieron todos”. Casi ni dudó y enseguida hizo extensiva la invitación a la muchachada, que palmeaba agradecida al ex novio.
Al entrar en el salón enseguida los ubicaron en una mesa que estaba vacía, y los mozos sirvieron bebidas y algo de comer. “Si sabíamos veníamos antes”, bromeó uno de los colados ante la cumpleañera, a quien no le quedó más que sonreír y casi obligarlos a salir a bailar.