18-11-2012 12:46 |
Agarraron al pibe de los mandados para la broma y lo hicieron caminar todo el pueblo, con una mezcla de ingenio y maldad y aprovechándose de que el muchachito no era muy lúcido con las cuestiones de geometría
El muchacho llegó al taller de los recordados hermanos Mastrángelo, en la calle Italia, con el afán de ayudar porque le gustaba estar entre los fierros. Lito y Carlos se miraron y no bastó más para que uno de ellos le dijera “andate hasta el galpón de Zaldivar y pedile la escuadra redonda”.
Presto, el cadete caminó media cuadra y solicitó el elemento en el galpón, donde un circunstancial visitante retrucó rápido “me parece que se la prestó a Africani, acá no está”. Y hasta el taller de la Ford se fue el pibe para cumplir con el mandado. Allá le dijeron que la estaban usando y que después se la alcanzaban al taller de Mastrángelo.
Cansado, pero satisfecho por la labor cumplida, el cadete volvió al taller donde lo esperaba una bolsa vacía. “Andá a la Cooperativa y decile que te vendan un poco de oxígeno para la autógena y que me lo anoten”. Y allá fue contento. El empleado de la ferretería de la Cooperativa siguió con la broma, se fue detrás de la estantería, infló la bolsa y le dijo que la llevara con cuidado porque si la golpeaba podía explotar.
Presuroso volvió al taller y de ahí lo tuvieron toda la tarde intercambiando cosas entre los de Mastrángelo y lo de Zaldívar. Casi le salieron ampollas de tanto ir y venir con llaves, martillos, cadenas y algún que otro pedido insólito al que regresaba diciendo “lo está usando, dice que vaya dentro de un rato”.
Al final del día, cada uno de los talleristas lo hicieron cargar con todo el intercambio para devolverlo de taller a taller. Al otro día el pibe no volvió al trabajo.