04-11-2012 13:52 |
El hecho, algo accidentado por cierto, sucedió en la despedida del quinto año de la promoción 90 del por entonces Colegio Nacional. Con los tradicionales disfraces, los chicos se la “habían jurado” a uno de cuarto que los venía toreando con que no iban a poder agarrarlo para la tradicional manteada cuando ingresaran al colegio. Pudo escaparse, pero terminó mal
Como siempre, los chicos, disfrazados, llegaron subidos en un carro a la puerta del establecimiento, donde entonaron canciones y hasta fueron recibidos con alegría por el personal de la escuela, que ya había advertido que sólo podrían pasar si se comportaban. Algunas experiencias de años anteriores habían creado un clima de desconfianza al respecto; y hasta se había sugerido suspender ese tipo de celebraciones.
Pero finalmente los chicos entraron a las aulas, “molestaron” a profesores y alumnos, los pintaron con témperas y lápiz labial y corrieron hasta alcanzar a aquellos que intentaban salir indemnes.
“¿Y el gordo dónde está?”, preguntó uno de los chicos en referencia al pibe de motas rubias cuyo padre tenía su negocio en el inicio de la Avenida San Martín. Lo buscaron, hasta que alguien de su mismo grupo “buchoneó” que estaba en la sala de profesores y allí partió una horda decidida a darle una manteadita y aplicarle los colores de un par de lápices labiales sobre el rostro.
El muchacho se vio acorralado y saltó por la ventana. Si bien la abertura no está a más de 80 centímetros del piso, el escapista se pialó con el marco y cayó mal. Los que lo perseguían lo vieron tirado, sólo lo pintaron un poco y se fueron.
Al rato, cuando los chicos estaban en el lago, donde iban a comer el asado, llegó la noticia de que los varones debían ir a la comisaría a testimoniar porque uno de los alumnos del Nacional había terminado con una pierna rota tras el paso de los de quinto. Hubo que exponer en la comisaría bajo el asesoramiento de un profesor entendido en leyes, y así se pasó buena parte de la tarde. El hecho terminó ahí porque el padre del muchacho, por mea culpa de éste, retiró la denuncia.
En el baile de egresados, todos fueron a saludar a “el gordo”, que con un yeso hasta la rodilla tenía poco margen de movimiento.