28-10-2012 13:05 |
Allá por los 80, un muchacho que estudiaba en La Plata decidió dormir la siesta y anticipó: “No me despierten que estoy cansado”. Batió todos los récords y cuando se despertó preguntó día y hora.
Dormía el muchacho, que ya había dejado la adolescencia hacía unos cuantos años, en la pieza de al lado de la cocina en el Centro de Estudiantes Universitarios de Henderson (CEUH). Llegó a la casa un domingo a la tarde cuando ya el calor de noviembre acuciaba en la húmeda capital provincial.
“Me voy a tirar un rato, no me despierten que estoy cansado”, anunció a otros colegas que mateaban en la cocina. Se acostó y no dio señales ese domingo, ni tampoco el lunes.
Al despertar, vio claridad y se levantó. Salió rumbo al baño y entabló diálogo con otro estudiante que estaba calentando la pava en la cocina.
-¿Qué hora es? – preguntó.
-Las siete – contestó el otro, mientras calculaba la temperatura del agua.
-¿De la mañana o de la tarde?
-De la mañana del martes, dormiste un día y medio.
-Es temprano, me voy a tirar otro rato.