Los padres de Silvia eran los vecinos Julio Eduardo Pais y Elba Alcira Barros. Tiene tres hermanos: Graciela Beatriz, Elba Adriana y Carlos Alberto. Graciela vive en Pehuajó y es docente; Elba en Henderson; y Carlos en Monte Maíz, provincia de Córdoba; allí trabaja en la fábrica Agrometal. En nuestro pueblo, Silvia vivía junto a sus padres y hermanos en la calle Urquiza; “frente a la vieja quinta de Cazajus”, dice Silvia, como referencia, y agrega que eran calles de tierra, “pero tierra de verdad, nos matábamos a porrazos en las bicis…” (risas).
“Yo y mi hermana Graciela nacimos en el hospital de Henderson y vivimos hasta que tuve dos años en la estancia Bersee. Mi papá era tractorista y mi mamá trabajaba en el chalet, de cocinera. Cuando mi madre quedó embarazada de mi hermana Adriana nos vinimos al pueblo, a la casa donde vivimos siempre”, relata Silvia.
-Contanos un poco sobre tu infancia, los amigos, a qué jugaban.
-Mis amigos de la infancia eran Alicia Guaresti y sus hermanos -ya fallecidos- Ricardo y Javier; los hermanos Beto y “Pico” Di Julio; los chicos de Adriel: Gladys, Pedro y Pablo. Los Guaresti vivían en la quinta de Basualdo, al lado de la cancha de Juventud. Jugábamos a la pelota ahí, todos juntos, varones y mujeres; ¡nos llenábamos de rosetas! En las filas de fardos que había en los galpones jugábamos a la escondida. Como la entrada tenía un pequeña lomada, nos metíamos en un tambor vacío de doscientos litros y rodábamos; todos esperando su turno. En verano, en los días de mucho calor, nos juntábamos en lo de Beto y Pico Di Julio y, en el techo de un auto viejo, jugábamos al truco, al monte -con moneditas plateadas chiquitas, no me acuerdo del valor-, a los dados; era hermoso.
Silvia Pais fue al jardín del instituto Santa Teresita, pero no terminó la etapa preescolar. La primaria la cursó en la Escuela 2, Vicente López y Planes, y la secundaria en la Escuela de Enseñanza Media Nº 1 (Perito), cuando funcionaba en la Escuela Nº 1, de 17 a 22 horas.
A falta de patrullero, buena es la ambulancia
Nuestra invitada de hoy, una vez finalizados los estudios secundarios, fue, junto a su hermana Graciela, a rendir examen para ingresar en la Escuela de Policía Juan Vucetich. “Era lo que deseaba, pero no se dio; así que, como no quería perder el año, y varias chicas de Henderson estaban estudiando enfermería profesional en el hospital Británico de Buenos Aires, hacia allá partí, junto a mi compañera de secu Graciela ´Pioja´ Romero. Ahí estudié y viví durante tres años, y en diciembre de 1985 me gradué. Me quedé allí trabajando y viviendo dos años más”, cuenta.
Cuando la inundación azotó fuerte a Henderson, Silvia debió tomar otros rumbos. Así recuerda: “Mi viejo, que era transportista de cereales, tuvo que salir a buscar otros horizontes. Recalan mis padres y mi hermano Carlos en Isla Verde, provincia de Córdoba. Viví allá, con ellos, dos años, hasta que Graciela Romero, que trabajaba y vivía en Mar del Plata, me invitó a ir, y me fui”
En la ciudad Feliz “trabajé siempre como enfermera: en la clínica Colón, en el hospital Privado de Comunidad, en el sanatorio Belgrano. Después empecé a hacer enfermería laboral. Trabajé en fábricas como La Campagnola, Pehuamar; allí conocí a quien fue mi esposo y padre de los dos hijos que tengo: Julián Balderrama Pais, de 15 años, y Gerónimo, de 9. Desde que enviudé estoy sola, ellos son mi familia”.
Después de vivir “a full” quince años en Mardel, Silvia decidió radicarse en Pehuajó, donde vive su hermana Graciela con el esposo. “Elegí esa ciudad por tener más campo de acción –explica-. Aunque agrega que “estuve muy cerca de volver cuando enviudé y el doctor Kreiker, en ese entonces director del hospital municipal, me ofreció trabajo. Pero se dio un buen empleo en la clínica del Oeste, primero, y luego en Hemodiálisis. ¡Cuánta alegría y emoción al volver a encontrar caritas conocidas! Era como revivir toda aquella hermosa época de mi niñez y juventud.
Su lugar en el mundo
En un momento determinado Silvia quedó cesante de su empleo en Pehuajó y le salió la oportunidad de ir a trabajar a Guanaco, como enfermera en la sala de primeros auxilios. Y ahí, sí, dice que fue “como volver al pago”. La profesional de la salud describe a su lugar actual como “una comunidad de quinientos habitantes, la gran mayoría en zona rural; ese silencio por las tardes, el canto de los pájaros, los chicos a caballo, con las gomeras, los potreros, calles de tierra, el olor a pasto fresco, las violetas creciendo por las veredas, el perfume de los aromos... Sinceramente encontré el túnel del tiempo”.
“Amo a Henderson, es mi ciudad”, afirma, pero aclara que “si Dios me lo permite, quiero terminar de ver crecer a mis hijos acá. Que crezcan con lo que yo mamé, con amigos jugando en la calle, sin peligros ni violencia, valorando la amistad, ésa que es para toda la vida; recordando rostros, calles, casas. No creo que regrese, creo que encontré mi lugar en el mundo. Para mí, estar acá es como estar allá, en mi amado Henderson”.
-¿Cómo transcurre normalmente un día tuyo?
-Trabajo en la sala y vivo en una casa que se comunica por dentro con ésta. Me levanto a las 5.30, prendo la tele -siempre TN o C5N-, desayuno tranquila en la cocina, mirando por la ventana la luna y las estrellas... ¡Incomparable desayuno! Me ducho, preparo las ropas de mis hijos para el cole. Julián va al noveno año, acá en Guanaco; entra a las 7.30, así que a las 7 ya lo despierto. Abro la sala a la misma hora, Gerónimo se despierta solito, es un campeón “el enano”. Entra a las 8 y va a cuarto grado. Aquí la primaria es de doble escolaridad, así que hasta las 16 horas no sale. La secretaria de la sala -mi compañera Mary- también entra a las 7; tomamos unos matecitos con limón -como le gustaban a mi mami- y llevo a Gero, en bici, al cole. Trabajo hasta las 12, cierro y vuelvo a abrir de 16 a 20. Los sábados de 8 a 12, y los domingos y feriados descanso Si bien el trabajo es full time, no me pesa. Al principio fue duro... hasta que se educa y conoce a la gente; hay, en su mayoría gente mayor, me han recibido con un gran cariño, el mismo que yo les transmito y siento.
-¿Cuál es la principal fuente de trabajo en Guanaco?
-Aquí la gente trabaja mayoritariamente en el campo. Hay una planta de alimento balanceado, que le ha dado gran empuje a Guanaco; hay tambos cerca del pueblo, lo que le facilita a la gente poder ir y venir en los distintos horarios y no tener que alejarse de sus familias.
-¿Recomendarías a la gente ir a vivir allí?
-Si tengo que recomendarlo, lo hago. Aquí es el lugar ideal para desestresarse. Hay muy poca y nada señal para celulares; hace muy poquito pusieron internet; no hay bares; no hay boliches; no hay heladerías; hay una sola panadería, que sólo hace pan, facturas abstenerse. Aquí reina la calma; alguna moto, a veces hace un poquito de ruido, pero poco y nada. Todos los chicos, de 14 años en adelante trabajan con sus familias, crían caballos de polo. Hay historias increíbles de los guanaquenses. Han recorrido el mundo con los caballos de polo, han nacidos sus hijos en lugares tan remotos como Malasia, Australia, etcétera; escucharlos me apasiona.
Silvia enfermera recorre los domicilios en bici, y cuando llueve la lleva un chofer en la ambulancia. “Con algunos me tomo unos amargos, otros me esperan con tortas fritas, tortas caseras. Me traen verduras de sus quintas, huevos, frutas, dulces, pollos; la bondad de la gente es fabulosa”, destaca.
-¿Viven otras personas de Henderson? ¿Tenés contacto con ellas?
-Hace poco estuvo viviendo un muchacho, Claudio Basualdo; yo no me acordaba que había sido amigo de mi hermano. El me reconoció.
En Pehua, cuando trabajaba en hemodiálisis me he encontrado con varios.
-¿Cuánto hace que no vas a Henderson? ¿Sabés cuándo irás nuevamente?
-Hace varios meses que no voy. Siempre voy “en vuelo rasante”, con mi hermana Graciela y mi cuñado, en su auto, con mis hijos. ¡A ellos les encanta! Se han quedado algún que otro finde largo allá. Juegan al fútbol en el club Calaveras, en las divisiones Novena y Quinta; así que cuando se cruzan con la Juve o Fútbol Club van a lo de mi hermana.
No sé cuando voy a ir a Henderson, ojalá pueda prontito.
-¿Estás en contacto con amigos y compañeros de colegio a través de internet?
-Ahora, gracias a la tecno, me reencontré con compañeros de primaria, secundaria, amigos de la infancia. Es increíble, para esto, sí, ¡viva la tecnología! (risas).