14-10-2012 12:28 |
Futbolero como pocos, estaría contento hoy por el buen momento que atraviesa Fútbol Club, ya que alguna vez vistió la casaca rojiverde. También se lo vería alegre por los últimos resultados de River, en la misma medida que se entristeció cuando los Millos descendieron de categoría. A la memoria de Carlos Rodolfo Daniel Moldovián, El Corto
Cómo no recordar las tardes al rayo del sol dándole a la redonda en la cancha que había armado al lado de su casa, detrás del Lago. Muchas veces éramos cuatro o cinco, pero igual nos las ingeniábamos para hacer circular la número cinco. Esos días en que no llegábamos a formar quórum, el tradicional picadito podía transformarse en un "loco", una "cabeceada de a cuatro" o hasta un "arco a arco".
Y si no era una cancha, el escenario era una calle de tierra. En una de las arterias que abrazan al predio del complejo municipal, estaba esa tarde él jugando, junto a dos o tres purretes. Paralelamente, muy cerca, la champion, que manejaba el padre de uno de ellos, andaba trabajando, terraplenando, nivelando los arenales. El hombre hizo una rápida maniobra, nuestro amigo no la advirtió y la máquina amarilla lo empezó, literalmente, a pasar por encima. Si no hubiese estado Fabio Marcos, quien fue el único que no se asustó y gritó al conductor para que detuviera el rodado, el resultado habría tenido mayores consecuencias que una operación y una cicatriz en las piernas para siempre.
Esta vez la anécdota no tuvo que ver con el fútbol. O quizá sí. Tal vez el premio que otorgaban por completar el álbum era una pelota. Seguramente. Si no, ¿por qué se iba a comprar la caja entera de figuritas de la Pantera Rosa? La cuestión es que me encomendó ser el guardián de los cartoncitos que habían quedado, con los cuales buscaría intercambiar con otros que a él le faltara y así llevar al kiosco el álbum antes que los demás.
No recuerdo si el motivo fue que las figuritas del felino de color rosado eran atractivas, o coleccionaban para sus novios, lo cierto es que las mujeres también andaban intercambiando figuritas. Tampoco la memoria me trae con precisión los argumentos utilizados para hacer que el tesoro escondido en un ligustro fuera develado y repartido en segundos, pero se ve que fueron categóricos, porque las chicas consiguieron el objetivo.
Cuando se enteró de la verdad, me puteó bastante; después se le fue el enojo y el episodio quedó como una anécdota.
Estos fueron tres momentos que con otros niños y, luego, adolescentes, compartimos junto a El Corto, quien falleció el 14 de octubre de 2011.
Un cariño grande para Haydee y Marcela.
Omar Cuadrado