16-09-2012 13:59 |
Seguramente le ha sucedido a muchos, pero el muchacho de esta historia tuvo la experiencia una de las primeras veces que visitaba la Capital Federal. El semáforo le cortó en medio del trayecto y se hizo el gracioso para evitar los insultos de los automovilistas
Viajaban los cuatro amigos hendersonenses desde La Plata, donde hacía un tiempo habían llegado a estudiar, hacia la Capital Federal para ver un partido de fútbol en el estadio de River.
Las combinaciones de colectivos los dejaron cerca del Monumental, pero en un momento debieron cruzar la transitadísima Avenida del Libertador, y uno de ellos, acostumbrado al menor tránsito platense, encaró ciego, sin advertir que el semáforo se ponía en amarillo y daría pronta salida a los autos de Libertador, que es una de las calles donde se maneja con más velocidad en Buenos Aires.
El semáforo cortó y los autos picaron con el transeúnte en medio de la Avenida. El susto lo llevó a emprender alocada carrera hacia la otra vereda sin flexionar las rodillas, por lo que parecía un Frankestein pequeño amenazado por los bólidos que, de todos modos, debieron frenar.
“Paisano bruto”, le gritaron desde el otro lado sus compañeros, descostillándose de risa. Algún que otro automovilista también rió por la ocurrencia de correr así.