Pablo Alberto Julián Salvador tiene 40 años; con su esposa, profesora de Educación Física y oriunda de Casilda, provincia de Santa Fe, son padres de Julián, de 11 años, Delfina (7), Francisco (5) y Clara (2).
En Henderson vivía junto a sus padres y sus hermanos en la calle Mariano Moreno, entre Florida y Almafuerte. Su mamá, Ana María Hernández, falleció en el año 2008. Fue profesora de biología, asistente social y directora del Centro Educativo Complementario. Su papá, Alberto Salvador, se desempeñó siempre como profesor de educación física y en la actualidad está radicado en La Rioja. En cuanto a sus hermanos, Mariano vive en Iguazú y Claudia en Carlos Casares.
-¿En qué año terminaste la etapa secundaria en Henderson y en qué colegio?
-Empecé la secundaria en el colegio Nacional en el año ´85, a la mañana; tenía a mi viejo de profe de Educación Física y a mi mamá de profesora de Biología. Hice primer año y en mayo del ´86 ya nos fuimos a vivir a La Rioja con la familia.
-¿Recordás a algunos de tus compañeros de curso?
-Sí, claro. En mi promoción estaban Mariano Huala, Eduardo Attendimi, Orestes Villalba, Osvaldo Fillia, Diego Feito, Virginia Veira, Fabiana Miguel, Analía Santos, Virginia Salaber, María Isabel Fillia, Carina Maldonado, Marcela Mecadán, Jorgito González, Javier Pellegrini, Julián Solignac… Seguramente me olvido de muchos.
-¿En qué año te fuiste de Henderson y por qué?
-Nos fuimos en el año 1986, en plena inundación en Henderson. Mis viejos tenían varios laburos, pero querían hacer un cambio. Mi papá tenía un conocido en La Rioja, Oscar Marcos -hermano de Jorge Marcos-, un hendersonense radicado allá hace mucho tiempo; y ahí hicieron los contactos para empezar a trabajar en distintos colegios.
Pablo completó la secundaria en La Rioja y luego fue a cursar estudios universitarios a la Ciudad de Buenos Aires. Allí se recibió de Despachante de Aduana y realizó la Licenciatura en Comercio Exterior
-¿Te costó adaptarte a San Juan?
-Para nada, me gusta el interior; y esto, a pesar de ser grande –cerca de 600 mil habitantes-, es un pueblo, se conocen todos; o sea que me sentí muy a gusto.
-¿Por qué fuiste a vivir a San Juan y no a otro lugar?
-Trabajaba en Buenos Aires en un estudio de comercio exterior que compró bodegas y fincas en San Juan y necesitaban un despachante de aduana que se radicara acá para hacer todas las exportaciones de los productos que envían al exterior. Se dio en esta provincia. A lo mejor, si hubiera sido otra, me hubiera ido también sin dudarlo, porque ya me había cansado un poco el ritmo de vida de Buenos Aires. Acá bajé cuatro cambios.
-¿Qué cosas atractivas destacarías del lugar donde estás viviendo?
-Mirá, acá hay muchos lugares para visitar: el Valle de la Luna, a 280 kilómetros de San Juan;, el Dique de Ullum, que está a 12 kilómetros de la ciudad; el Dique Cuesta del Viento, a 170 kilómetros; Paso de Agua Negra a La Serena, Chile, a 4.000 metros sobre el nivel del mar; es increíble este camino. En el verano la gente de San Juan veranea en las playas de La Serena, nos queda a 500 kilómetros. También están las bodegas Cavas de Zonda (champagnera debajo de una montaña), Graffignia, Callia, Casa Montes, Casa Sarmiento.
-¿Qué podés decir acerca de los vinos sanjuaninos? ¿Alguno para recomendar?
-Es una zona con excelentes vinos, debido a su clima y ubicación, con premios y medallas de oro en las últimas catas nacionales e internacionales que se han hecho para algunas bodegas. Hay muchas bodegas chicas, también, que son poco conocidas y tienen muy buenos vinos, como Tierras de Ponte, Xumek, Arenas, Viñas de Aguilar, Pulenta, Putruele, Bórbore, Viñas de Segisa, Don Doménico y las que te mencioné anteriormente.
Para recomendar hay muchos: El Escondido Syrah -Don Doménico-, Sauvignon Blanc -de la misma bodega-, Don Baltazar Merloc –Casa Montes-, Ampakama Intenso. Después están los vinos que son más conocidos, como el Callia y Graffognia. Y vienen muy buenos vinos varietales en damajuanas, que son un pocos mas económicos.
Respecto de la gente en general, Pablo Salvador dice que “es macanuda, muy hospitalarios; al principio te cuesta un poco, hasta que te conocen. Se hace un poquito más difícil sobre todo si venís de Buenos Aires, pero he conocido mucha gente por mi trabajo y en el club, y también por el colegio de los chicos".
-¿En qué estás trabajando? Contanos un poco en qué consiste.
-Soy despachante de aduana, tengo un estudio de comercio exterior. Mi trabajo es gestionar documentación en Aduana para las exportaciones e importaciones que hacemos de nuestros clientes. Los rubros son muy amplios. En exportaciones, desde uva en fresco, vinos, aceites de oliva, pasas de uva, pistachos, ajo y cebolla; y en importaciones, repuestos, máquinas, insumos para minería.
-¿Hay trabajo en líneas generales en San Juan? ¿Cuál es el rubro que más fuente laboral demanda?
-Acá hay bastante trabajo, sobre todo en el agro, que necesita mucha mano de obra, y el rubro que más está creciendo es la minería. Hay varios proyectos de explotación de oro, plata, cobre; los más conocidos son Veladero y Pascualama, donde viven más de 3.000 personas en los campamentos en la montaña, a 4.000 metros y con 40 grados bajo cero en invierno.
-¿Qué otras actividades desarrollás?
-Cuando me vine a vivir acá descubrí el golf, que jamás había practicado, y realmente me atrapó de una manera increíble. Sólo el que juega te lo puede decir. Acá juego en el club Amancay, que es la única cancha de 18 hoyos que hay. Se hacen torneos todos los fines de semana. También voy seguido a la cancha de La Rioja, y una vez al año vamos a La Serena, Chile, a un torneo que hacen allá; todo amateur, por supuesto. Leí que mucha gente, de la mano de Diego Pizarro, Daniel Cantisani, está empezando a jugar ahí en Henderson y va seguido a Daireaux y Laprida a participar de torneos.
-Si hubiera hendersonenses a los que les gustaría irse a vivir a San Juan, ¿les aconsejarías que lo hicieran? ¿Por qué?
-Es muy difícil aconsejar, porque depende mucho de la preparación que tiene cada uno, profesional o laboral.
Pablo, quien dice no tener conocimiento de otras personas de Henderson que estén radicadas en San Juan, al ser consultado sobre si extraña algunas cosas del pueblo que lo vio nacer, responde: “De Henderson extraño mucho las salidas con amigos, el club, el campo; la verdad, a pesar de haberme ido hace mucho, tengo grandes amigos ahí, y también algo de familia: primos, tíos, abuela.
-¿A tus hijos les ha gustado el pueblo, las veces que lo han visitado?
-Sí, cuando vamos para las fiestas les gusta mucho; todavía son chicos, pero ya van a aprender a quererlo.
-¿Estás al tanto del acontecer en el pago chico?
-Siempre, todos los días, entro y leo los diarios de ahí, más las páginas de Facebook que hay con noticias del pueblo, y cada tanto alguna radio que escucho por internet. Lo veo bien, limpio, con ganas de crecer; lástima esto último que está ocurriendo con las inundaciones, que para un poco la actividad en la zona, pero todo va a pasar, esto es cíclico, y seguirá siendo una de las mejores zonas del país para la agricultura .
-¿Tenés contacto con gente que vive en Henderson -además de tu familia-, por medio de las redes sociales u otra vía de comunicación?
-Sí, siempre hablo con amigos que tengo ahí: Marcos y Andrés Tamborenea; Robertito Diez, que viaja seguido por ahí; además de mi familia. A veces por Facebook y otras por teléfono.
-¿Con qué frecuencia visitás Henderson? ¿Cuándo fue la última vez que estuviste? ¿Sabés cuándo vas a viajar nuevamente?
-Estos últimos años he viajado dos o tres veces al año; por las fiestas, casamientos de primos, cumpleaños de 15 de mi sobrina; estuve en las vacaciones de julio, y tengo un cumple a fin de este mes. Vamos a ver si puedo ir, ando justo con los tiempos, porque tengo mucho trabajo durante la semana, y viajar por sábado y domingo… son mil kilómetros que tengo hasta Henderson.
Si bien Pablo Salvador está contento en San Juan, “radicado definitivamente si no hay cambios, tengo mi casa, mi laburo, los chicos en el cole”, por lo que “es difícil moverse”, cuando se le pregunta si tiene pensado regresar definitivamente a Henderson algún día, contesta: “Uh, qué difícil pregunta. Falta mucho todavía, no sabemos qué nos deparará el destino, sobre todo cuando tenés hijos que echan raíces en otro lado. Pero por mi, sí; sería un sueño después de que no trabaje más poder vivir ahí”.
-Nombrá algunos amigos de la infancia y algunos juegos con los que se divertían más que con otros.
-Tengo muchísimos amigos: Andrés, Marcos y José Tamborenea; Agustín Domínguez, Mariano Huala, Eduardo Attendimi, Diego Feito, Robertito Diez, Diego Pizarro, el Cordobés Jorge Fillia, Jorgito González. Jugábamos mucho a la pelota, en la Quinta de Salgado, con los chicos de la primaria, y en la canchita de al lado de lo del Chiquito Hernández. Los veranos, en la pile de Fútbol Club. Además de hacer gimnasia y otros deportes con Diego Pizarro en el Nicasio Oroño, Juan Alberto Martín y mi viejo. Salíamos a competir por todos lados en todos los deportes: vóley, básquet, natación. También íbamos mucho con mis hermanos y mis primos al campo de mi abuelo, Julián Hernández, y de mi tío, Alfredo Mateos; y ahí hacíamos campamentos, cazábamos. Nos quedábamos a dormir en el campo y hacíamos cada macanas que no se pueden reproducir (risas), pero la verdad es que éramos muy felices y nos divertíamos con muy poco.
-Gracias por compartir tu historia lejos del pago chico. Podés agregar lo que quieras.
-Nada más que mandarles un saludo grande a la gente de Henderson, que tengo los mejores recuerdos de ese hermoso pueblo, donde pasé los momentos más felices de mi vida, mi infancia y adolescencia; a mi familia que está ahí, primos, tíos, abuela; a mi hermano, Mariano, que vive en Iguazú; mi hermana, Claudia, en Carlos Casares; y mi viejo, en La Rioja. Y gracias a ustedes, por acercarnos un poco más al pueblo que nos vio nacer.