02-09-2012 13:28 |
Dos policías que iban camino a Salazar en un Jeep quedaron atrapados en un pozo en medio de la noche, tuvieron que salir casi nadando y debieron ser asistidos por puesteros de los campos, que tuvieron que socorrerlos dos veces
La inundación de mediados de los 80 es un mal recuerdo para nuestra zona. Muchos caminos quedaron intransitables y quienes trabajaban en los campos debían buscar calles alternativas o directamente pasar por entre los establecimientos rurales en busca de una salida hacia el pueblo.
Uno de esos caminos intransitables era el que une a Henderson con Mones Cazón. Una noche de un día bastante frío, mientras cenaban al abrigo de la cocina de leña, la señora de la casa en la estancia El Recreo (que algunos recuerdan como La Juanita) pareció advertir un par de luces en la calle.
-No puede ser, si ni los tractores pasan -dijo el hombre de la casa mientras se asomaba él por la ventana para constatar-.
En efecto, a lo lejos se divisaban dos faroles que aparecían y desaparecían. Lo curioso fue que al cabo de un ratito se comprobó que el vehículo tenía balizas, como si se tratara de un móvil policial o una ambulancia.
La cena no se interrumpió, pero de vez en cuando alguien echaba una mirada por la ventana. En un momento las luces no se vieron más. Ya había pasado un rato cuando ladraron los perros y la señora advirtió que alguien golpeaba las manos. Salió el hombre y se encontró con dos policías empapados.
Los agentes pasaron y uno pidió por favor una palangana con agua caliente porque tenía los pies congelados. Cenaron y mientras lo hacían relataron que no sabían que el camino estaba cortado; que en Henderson le habían indicado, pero evidentemente habían tomado la ruta incorrecta; que su destino era Salazar, donde debían arribar antes de la mañana; y que el Jeep se la había bancado muy bien hasta allí pero había quedado calzado en un pozo.
Dos tractores hicieron falta para sacar el Jeep de la encajadura. Agradecidos, los policías siguieron su viaje, pero a poco andar se les volvió a encajar el vehículo y otra vez los tractores al rescate.
Fue ahí donde los puesteros de El Recreo y de La Matilda decidieron acompañarlos y hacerlos pasar otra gran laguna que había frente al segundo campo mencionado.
Antes de que se fueran, uno de los auxiliadores les dijo: “Bueno, cuando vayamos a Salazar me imagino que no nos van a meter presos". “No, claro, gracias”, dijeron los policías. Al cabo de un tiempo, uno de ellos se encontró con uno de los hombres que lo había auxiliado, y éste le dijo: “El camino ya está mejor, se puede pasar”. “Por ese camino yo no voy nunca más, en mi vida pasé tanto frío ni me mojé tanto”, respondió el uniformado.