26-08-2012 15:06 |
El hecho sucedió en Bariloche, con un contingente de estudiantes de Henderson que hacía su viaje de fin de curso. El infortunado se durmió en una de las tradicionales salidas nocturnas y se tuvo que volver descalzo
Era en el boliche Grisú, el de los recovecos, baldes de tragos y cómodos sillones. Uno de los chicos del Colegio Nacional que hacía su viaje de fin de curso en diciembre de 1990, al que fueron acompañados por un grupo de alumnos de Mones Cazón, hizo una recorrida por el lugar, se tomó un trago y luego quedó vencido por el cansancio.
El contingente de la empresa Quilmes Tur se divertía de lo lindo, pero a este sujeto los trajinares previos, más un día intenso que había incluido la tradicional cabalgata y el contenido de uno de esos baldes explosivos, lo dejaron nock out. Entonces se sentó un rato en los sillones, pero el sueño lo venció y se echó una siestita.
Cuando despertó enfiló para el lado de la pista a probar suerte con las chicas. Sin embargo enseguida sintió frío en un pie y se percató de que le faltaba un zapato. Volvió sobre sus pasos y no lo encontró al lado del asiento donde había caído en los brazos de Morfeo. Comenzó a gatear por entre las piernas enredadas de una parejita que estaba en lo suyo pero se vio interrumpida por el buscador del calzado.
Le avisaron que uno de sus compañeros se lo había sacado mientras dormía. Le preguntó a los que todavía estaban en el boliche, no tuvo suerte y decidió volver. Caminaba con un calzado puesto y otro no. Le dio vergüenza y se sacó el que llevaba.
Cuando llegó al hotel, luego de subir una calle escarpada a duras penas, puesto que con las medias se resbalaba, pudo recuperar el otro calzado, pero la noche ya estaba perdida.