19-08-2012 10:40 |
Compartimos en esta oportunidad una situación ocurrida hace unos cuantos años en la escuela nº 1, en ocasión de que dos compañeros tuvieron que representar un sketch con un pasaje del programa infantil de Carlitos Balá.
Con motivo de celebrarse el domingo el Día del Niño, para ese viernes distintos alumnos de la escuela primaria nº 1 habían preparado números artísticos para compartir con compañeros de otros grados en un acto alusivo.
Compinches desde los primeros años de la escolarización hasta el final de la secundaria, para el acontecimiento en cuestión los dos alumnos habían preparado una imitación del programa del ídolo de los chicos por entonces, Carlitos Balá.
Habían ensayado mucho durante esa semana y estaba todo fríamente calculado. Cada uno sabía al dedillo lo que tenía que decir, y en qué momento, de modo que ambos se lucieran y divirtieran a los demás alumnos, docentes y público presentes. Es decir, un kilo y dos pancitos.
"Aquí llegó Balá, Balá, Balá", dijo uno de los niños. "Ya llegó, ya llegó. El show va a comenzar", complementó el otro. Sincronización perfecta.
Pero, de pronto, luego de la canción identificatoria, uno de los chicos -hoy peluquero y bombero- empezó con un bombardeo interminable de chistes y ocurrencias; los de él y los de su compañero.
El coprotagonista -escribe de vez en cuando alguna anécdota en un diario digital- lo miraba sin entender nada, le hacía señas de forma desesperada para que parara y le dejara meter un bocadillo. Todo fue en vano. Así que no tuvo más remedio que ser un espectador de lujo de la traición de su compañero, realizar una y otra vez el pasito de baile del gran Carlitos y cantar el estribillo: "Aquí llegó Balá, Balá, Balá..."