24-06-2012 12:57 |
Las crónicas paisanas son continuación de algunas pocas que se publicaron en un diario local hace muchos años, que se titulaban “De aconteceres, de paisanos y no tan forasteros”. Giran en torno al Gallego Bolazona y su condición de representante visible y destacado del mundo paisano de nuestro pago. Y también de sus esfuerzos y acciones por la defensa y valorización de un universo cultural y social que se va perdiendo. Compartimos esta crónica enviada por el paisano Tadeo Cruz, quien prometió contarnos otra en cuanto el tiempo se lo permita
Acerca del contrapunto entre Bolazona y Gorrialeguín
Con la boina hasta los ojos y prendido con fuerza a las tablas, el Gallego Bolazona va parado atrás en la amansadora. Adelante va el Gorra Blanca, sentado sobre un almohadón y con una rienda en cada mano. Cuando sujeta abre los brazos y los levanta al tirar, a la vez, chista fuerte y echa el cuerpo para atrás, afirmándose con los pies en el travesaño que une las varas. Hace alarde de su condición paisana y fantasea estar lidiando con un potro.
Andan por las orillas del pueblo probando una yegua que negoció el Gallego. El trote es tendido y fuerte y Bolazona va un poco tenso y preocupado; le parece demasiado y duda acerca de si la yegua le servirá, porque parece que tiene mucho genio. El Gorra Blanca, que ha tomado algún vino, sin hacer caso al pedido de que frene un poco, sigue animoso y saludando con gestos exagerados a los conocidos, confiado en que el animal es manso.
Estas inesperadas andanzas de Bolazona nos traen a la memoria el paisanaje de la llanura. Y con ellas el Gallego recobra su condición de símbolo paisano. Alguna vez fue elegido representante de una asociación dedicada a la defensa de la identidad criolla. Pero cierta morosidad en su andar, que se ha ido acentuando con los años, y las modificaciones en el paisaje de la pampa, han ido reduciendo sus actividades. El campo ya no es “la llanura inagotable que resuena bajo los cascos”. Es sí una monotonía civilizada de porotos bayos (que refulgen y encandilan); en la que paisanos, caballos y vacas pertenecen a un pasado ausente. La paisanada todavía está y aún el influjo de la pampa ecuestre perdura en su sangre, pero sin lugar para ella en la llanura, se va perdiendo.
De entre las cosas que han ido quedando por ahí, el Gallego rescató de la herrumbre esa amansadora hecha con caños. El Loco Vicenci la reparó, reforzó los elásticos y la pintó. Pero faltó un pescante y los paisanos van con las patas colgando. Y antes de atar el primer potro, Vicenci, que es yuyero y sanador, la desahumó y midió con la cinta para estar prevenidos contra cualquier percance, maleficio o daño.
Se cruzaron con un paisano de boina aluda y botas que manejaba una cosechadora; Bolazona preguntó si no era el Sapo Martínez, y si no estaría más de puestero. Después, con otro que repartía materiales de construcción en un tractor con un carro y que supo ser mensual en la estancia El Recuerdo. Y en una calle algo angosta, la yegua se asustó de un “mosquito fumigador” que circulaba velozmente, y quiso disparar, pero el Gorra Blanca iba atento y la sujetó. Enseguida pararon en el boliche a tomar una caña.
El boliche La Fraternidad es uno de los lugares más cosmopolitas del pago. No sólo es sitio de reunión de paisanos y trabajadores siete oficios, sino que también suelen reunirse allí muchos de los jóvenes del pueblo, además de estudiantes residentes en Buenos Aires, La Plata o cualquier otra ciudad que congregue universitarios. Igualmente han transitado por ahí actores y directores de teatro y cine, músicos y también el pensador libertario Gorrialeguín, con su doble linaje: vasco francés y huarpe, del que gusta jactarse.
El Gorra Blanca se encontró con el Negro Alcías y se pusieron a charlar de un contrapiso que tenían que llenar. Bolazona se sentó en una mesa con varios parroquianos y habló de otros tiempos, de cuando fue mensual en la estancia de Posarí. Contó que eran 8.000 hectáreas todas dedicadas a la ganadería, en las que había unas 5.000 vacas de cría; que eran unos 12 mensuales, además de los puesteros, y que había 4 manadas de yeguas con sus respectivos padrillos, de modo que los mensuales también solían ser domadores. “Había paisanos como pa’ hacer dulce”, dijo el Gallego.
En una mesa contigua estaba Gorrialeguín, que sin ser habitué del lugar suele concurrir llevado por la nostalgia: La Fraternidad le parece un nombre libertario, de esos que se usaban a principios del siglo pasado. De todas maneras, su presencia allí no es habitual, no toma cualquier vino, sino aquellos de cierta calidad. Y es sabido que de los bolicheros puede decirse lo mismo que de los lecheros (que ya casi no existen): “afligido como lechero (o bolichero) al que se le rompió la bomba”, por la costumbre de rebajar su mercadería con agua.
Lo cierto es que Gorrialeguín estaba escuchando y le fue imposible guardar su opinión. No sin cierto alarde, expresó: “Yo no he andado mucho entre los paisanos, ni en el campo, pero, como decía Jorge Luis, el gaucho y la pampa ya sólo tienen vida en la literatura”. E hizo una serie de consideraciones acerca de cómo ese escritor concebía la llanura. Dijo que la caracterización que hace de ella y las referencias al mar en dicha cuestión, así como los adjetivos que le aplica (“inagotable”, “desaforada”), posiblemente tuviesen alguna influencia de Hegel, quien sostuvo que “El mar nos da la idea de lo impreciso, de lo ilimitado y de lo infinito”. Y que es un elemento de trascendencia, y la planicie, por el contrario, un elemento de fijación al suelo, por tanto, de quietud y monotonía. Luego Gorrialeguín dijo: “No hay dos cerros iguales, pero en cualquier lugar de la tierra la llanura es una y la misma”. Enseguida acotó: “Jorge Luis”. Los parroquianos estaban agobiados por tantas palabras y no terminaban de comprender mucho lo que se decía. Algunos disimuladamente se fueron levantando y yendo a otra mesa.
Bolazona recurrió a unos versos de Atahualpa, que un recién llegado le insinuó, expresando así lo que para los paisanos significa la pampa: “Para el que mira sin ver/la tierra es tierra nomás/nada le dice la pampa/ni el arroyo ni el sausal/ pero la pampa es guitarra/ que tiene un hondo cantar/ hay que escucharla de adentro/ donde nace el manantial/ … campo adentro y cielo limpio/ cha que es lindo galopar/ un mundo en cada gramilla/ adioses en el cardal/ y pensar que para muchos/ la tierra es tierra nomás”.
Y como es payador y floreador de milongas, además recurrió a la improvisación:
“Mi amigo Gorrialeguín,
usted habla de llanuras,
paisanos y literatura,
pero no todo es jardín en estas cuestiones sin fin.
La pampa es nuestro sino
y del corazón camino,
más ahora me despido,
el tiempo se ha ido.
Mi canto es peregrino”.