La anécdota: entusiasmados con las cartas casi tienen que llamar a los bomberos
13-05-2012 15:08 | La historia de hoy tuvo lugar varios años atrás en la parte de arriba de Fútbol Club, donde unos amigotes orejeaban las cartas entre el humo del cigarrillo
Los tipos llevaban ya varias horas de timba. Con la promesa de que "ésta es la última hora", finalizada la misma se prometían "ésta sí, la última". "A las 8 tengo que estar arriba", dijo uno; "Tengo que terminar sí o sí de barnizar las persianas", agregó otro, de oficio pintor. Cada uno de los integrantes de la partida de codillo expuso el argumento por el cual no podía extender su presencia esa madrugada.
"Hay olor a quemado", dijo, de pronto, el hombre de la brocha gorda, mientras, al grito de "jugado", arrimó una gran cantidad de fichas al centro de la mesa de paño verde. Los demás no lo escucharon, o quizá creyeron que era una maniobra para distraer la atención y que ellos "picaran" y pusieran también sus fichas para aceptar el convite.
"Muchachos, algo se está quemando" , insistió el hombre, al tiempo que retiraba lo apostado porque los demás prefirieron no apostar.
Alguien barajó y se puso en marcha la siguiente mano.
Estaban orejeando los naipes cuando la persona en cuestión insistió: "Che, algo se quema".
Los demás se miraron y prestaron nariz. Efectivamente, percibieron un olor a chamuscado, pero como no se veía nada raro no dieron mayor importancia y continuaron ensimismados en el juego.
Cuando iba a empezar a repartir las barajas para la siguiente mano, el Bocha sintió, además del olor, el calor de algo que se quemaba. Se puso de pie como un resorte y allí descubrió, junto al resto, de dónde provenía el olor a quemado: había dejado el pucho encendido sobre la silla y éste ya había empezado a quemarle el patalón...