La anécdota: le tunearon los zapatos como una lancha y corrió a uno con un cuchillo
06-05-2012 14:14 |
La anécdota de hoy tiene como escenario nuevamente el Centro de Estudiantes de Henderson en La Plata. Una broma de un par de inquilinos que terminó en un gran enojo por parte del dueño de un par de zapatos, a los que encontró con la fisonomía de una lancha de carreras
Eran tiempos en los que Daniel Scioli corría en off shore con La Gran Argentina. En el CEUH, uno de los muchachos se había acondicionado la pieza del fondo del terreno, separada del resto de la casa, en busca de un poco más de privacidad. Alguna vez se olvidaba la puerta abierta cuando salía rumbo a la facultad u otras tareas fuera de la residencia. Ese error fue aprovechado en una oportunidad por dos compañeros con los que había compartido la secundaria, y que hoy son médicos.
Deseosos de jugarle una broma entraron en la habitación y encontraron debajo de la cama un par de zapatos negros de vestir con la punta levemente elevada. “Parecen una lancha”, dijeron; y ahí nomás se les prendió la lamparita y pusieron manos a la obra.
Engrudo y las habilidades de uno de los dos bromistas para el dibujo fueron suficientes para dejar uno de los timbos convertido en una réplica en miniatura del catamarán de Scioli.
No había pasado demasiado tiempo cuando el dueño de los zapatos regresó a la casa, tomó los enseres de aseo y se dio una ducha rápida. Envuelto en la toalla volvió a la pieza apurado porque tenía que volver a salir, para lo cual pensaba usar los tamangos negros de vestir.
Salió convertido en una tromba ese chico de fornida contextura física y encontró sobre la mesa cuadarada del patio un cuchillo y en el patio a uno de los sospechados de la broma. Lo empezó a correr en derreedor de la mesa al grito, “los voy a matar, a vos y al otro”. No le había errado en quienes habían sido, aunque éstos lo negaban.
Mientras uno amagaba por un lado y salia por el otro en derredor de la mesa, el acusado respondía. “Pará Blutis querido, paraaaa, que yo no fui”, mientras algunos curiosos se descostillaban de la risa en la cocina mirando el espectáculo por la ventana.