Elva cuenta que para participar del acto por los caídos en Malvinas realizado el lunes 2 de abril en la plazoleta Ara General Belgrano, la invitaron "en la semana desde Cultura. Como saben que pertenezco al Círculo Literario Emma Jonas, querían saber si tenía algo escrito relacionado con la gesta de Malvinas. Les comenté que no y me preguntaron si podía escribir algo para el acto". Aunque quedaban pocos días, Elva contestó que sí. "No sabía en concreto en qué enfocarme. Busqué información para que sea real y no algo superfluo, y al fin opté por leer testimonios de ex combatientes de diferentes puntos del país y de diferentes extractos sociales, y sobre esas tristes y no tan conocidas realidades que les tocó vivir cree la poesía", expresó a Hendersonline.
Consultada si algún familiar suyo estuvo combatiendo en las islas, respondió: "Personalmente no tengo ningún familiar que le haya tocado la guerra, pero sí recuerdo de ese tiempo que enviábamos cartas y tejíamos gorros de lana en color verde, pero sabíamos muy poco de la realidad".
“No podemos olvidar”
El 28 de marzo de 1982 partió una flota a Malvinas,
los sentimientos, ambiguos, en el aire afloraban:
por un lado, el gran dolor, de abandonar sus familias;
y por el otro, las fuerzas, brotaban del corazón.
Eso que estaba en sus sueños, de pronto fue realidad.
El desembarco en las Islas marcó un hito en la historia.
Un 2 de abril fue la fecha que atesora la memoria.
Descendieron lentamente y, al pisar por fin el suelo,
fueron marchando en silencio hacia el Gran Puerto Argentino.
Los primeros días pasaron, expectantes en la trinchera.
Aquellos pequeños pozos, que con las lonas cubrían,
por setenta y cuatro días fue la casa que tuvieron.
Eran noches muy oscuras, con el silbido del viento,
compañero inseparable de soledades y miedos.
¡Si hasta la misma luna les privó de su reflejo!
De pronto… en la madrugada de aquel 1° de mayo,
el rugido de motores, que provenían del aire,
fue preludio del dolor, de ese dolor imborrable.
Que acompañado del hambre, sin saber enloquecía.
Nefastos días, que guardan tristemente en sus retinas.
Cuando al fin esa utopía, de gobiernos arrogantes,
obligó a la rendición de una guerra sin sentido,
todo llegó a su final, culminó el ronco sonido,
de ese tronar de cañones; fue todo silencio y frío.
El recuerdo a esos mártires, que lucharon sin cesar…
Tampoco hay que olvidar a los desaparecidos…
que en las aguas del Océano, descansando hoy están.
Y los miles que volvieron, con su profunda tristeza,
algunos son marginados, por la misma sociedad;
ésa que un día en la plaza alentaba sin cesar…
¿Alguien recuerda su vuelta? ¿Qué sucedió de verdad…?
Escondidos en camiones, y por “la puerta de atrás”,
fueron a Campo de Mayo, para ser alimentados,
porque en esas condiciones, no, no se “podían” mostrar.
Desgarrados de dolor, con las profundas heridas,
y cicatrices del alma que no se pueden borrar.
Hoy pasaron treinta años… ¡No, No debemos olvidar!
Que derramaron su sangre y que mezclada quedó
en esa querida tierra, que sigue aún usurpada,
doblemente custodiada, por el temor a perderla.
¡Pero, lo que ellos no recuerdan, es que late un corazón…
De color celeste y blanco… y en eso no hay discusión!”.
Elva Pavón