25-03-2012 13:16 |
La historia de hoy remite a un pasado cercano y tiene como protagonista a un vecino del que ya hemos publicado algún que otro episodio pintoresco
El hombre se dirigía en su motocicleta hacia las instalaciones de la institución de cuyo cuerpo activo forma parte cuando, de pronto, por causas que los peritos entendidos en la materia no pudieron determinar con exactitud, el vehículo de dos ruedas se destabilizó y cayó sobre el duro asfalto, aprisionándole la pierna derecha al conductor. Este llegó como pudo, rengueando y con el ciclomotor de tiro, hasta la peluquería de una persona que, como él, está siempre al servicio de la comunidad. El dueño del salón, en el que había un par de clientes, solicitó de inmediato el servicio de emergencia médica.
A los pocos minutos se hizo presente en el lugar una ambulancia y el accidentado fue trasladado al hospital para recibir los primeros cuidados. El médico que lo atendió consideró que lo más conveniente era dejarlo internado 48 horas en observación, pues, aunque el mayor golpe había sido en la pierna, también había sufrido raspones en otras partes del cuerpo.
Transcurrido ese tiempo prudencial, el profesional de la salud dio el alta al lesionado, con la recomendación de que permaneciera en reposo en su casa uno o dos días.
Lo primero que hizo el hombre fue pasar por el salón del coiffeur para retirar su moto, que había quedado guardada allí. No menor fue la sorpresa del peluquero cuando por el espejo vio entrar al protagonista de esta anécdota, que al caminar movía con mucha dificultad la pierna... izquierda.
-Escuchame, ¿no era la otra pierna la que te habías lastimado? -inquirió el estilista-.
Convencido y firme en sus palabras, Alfredo respondió: "Vos podés creer que no puedo renguear con la derecha...".