29-01-2012 12:08 |
Otra vez una historia relacionada con el Centro de Estudiantes Universitarios de Henderson en La Plata. En esta oportunidad, el dueño de un canario que se va, el cuidador que se descuida y un par de pícaros que hicieron una trapisonda
Los mejores cuidados le prodigaba el “Pele” a la mascota que tenía en el Centro de Estudiantes Universitarios de Henderson (CEUH). En invierno lo sacaba al solcito y lo volvía a meter en la pieza antes de que la tarde entrara en su etapa fría. Lo cuidaba del calor en la época estival y siempre en la jaula había una lechuguita fresca. El canario, en tanto, retribuía con su dulce trinar.
Pero el dueño debió ausentarse unos días y el ave quedó al cuidado de uno de los más responsables por aquellos años. Martín se hizo cargo, mudó el plumífero a su habitación, limpió su jaula y no le hizo faltar la lechuguita. A sabiendas que algo le podía pasar al pajarito en su ausencia, cada vez que salía lo dejaba en el cuarto, celosamente cerrado con llave.
Pero un día le dio lástima privar al canario de una jornada diáfana y soleada y lo dejó afuera. Descuido garrafal.
Cuando volvió, la jaula estaba con la puerta abierta, y en su interior: nada. Empezó a los gritos, “el canario, el canario”, y clamó por la presencia de dos estudiantes de medicina que solían jugarle bromas pesadas.
Ambos sospechados negaron rotundamente su participación en el hecho y, rápidos de reflejos, dijeron “debieron ser los gatos”. “Má, qué gatos, mirá que los gatos van a ser tan prolijos de sacar el ganchito y agarrar el canario sin dejar una pluma, fueron ustedes”, acusó.
La falta de pruebas más allá de las sospechas, y la negativa de los inculpados, no dejaron alternativa al cuidador de esperar al dueño y dar la mala nueva. Se terminaron los cantos en las mañanas soleadas del CEUH.