En crisis
La noche me empuja al refugio de mi cubil.
Vuelvo al mendrugo más austero.
Cauterizar las heridas del cuerpo insume un instante, las otras siempre están ahí, como muestras de batallas no ganadas.
Me sorprenden otra vez los recuerdos. Vuelven antes de irse. Ellos tienen vida propia. Deciden por mí.
Deben disfrutar de su hostigamiento incesante. Su asedio convierte a mi mente en inocente presa.
Se desangran mis deseos en esa parábola inconclusa. Sólo encuentran como destino el vacío de mis manos. Tomo distancia solamente para volver. Busco el instante perfecto. Me equivoco otra vez.
Armo y desarmo nuestra historia del día. Sus piezas se ajustan al momento, pero vuelve a ser la nada. Somos dos y el silencio yace entre ambos. El juego continúa.
Sólo tu sonrisa, inerte, eterna, intangible para mí, lastimando mis ojos, me anuncia que la vida sigue en curso. No me siento parte de ella. Ningún cambio brinda el esperado sosiego a esta tristeza sin fin.
Me sumerjo en un sueño cuasi real, con la promesa de la mañana nueva, donde el enigma ya deje de ser.
Entonces me pregunto… ¿Acaso hoy se resolverá el misterio?
Por Tito Flores