22-01-2012 13:25 |
Hace muchos años, un puestero de reconocida estancia se encontró con unos pocos pesos cuando fue a buscar la indemnización. Compró algo que le gustaba pero no lo pudo disfrutar.
Casi treinta años hacía que trabajaba en la estancia El Trío cuando lo jubilaron, y fueron algunas rupias lo que recibió como indemnización, porque al parecer venía con varios adelantos adeudados.
Lo cierto que para don Reyes, el resultado de tanto esfuerzo sólo alcanzaba para algunas provisiones y no dudó en elegir primero una de sus preferidas: una buena damajuana de vino.
Fue al pueblo, compró, y se volvía en el carro, ansioso por llegar y disfrutar de la compra, cuando se cortaron las sogas, el carro se desprendió y la damajuana fue la víctima principal del accidente. Se hizo añicos contra el piso derramando el espirituoso contenido en la arena.
“A la mierda la ganancia”, dijo don Reyes, resignado.