Días atrás escuché a Román Iucht (periodista deportivo de radio Continental) en una entrevista con un periodista español. Este mencionaba que el logro obtenido por la Selección nacional de fútbol española no era casual, que era producto de una política deportiva llevada a cabo por los distintos gobiernos españoles desde el momento en que se se eligigió al país para ser sede de los juegos olímpicos Barcelona 92. No son casuales, entonces los logros en tenis (varias veces ganadores de la Copa Davis), automovilismo, motociclismo y básquet, entre otras disciplinas.
Un modelo similar en cuanto a sus éxitos (no en disponibilidad de recursos), es el cubano. A partir del triunfo de la revolución, en 1959, el deporte de ese país experimenta un giro total. El gobierno ve en la actividad física la recreación y la práctica masiva de deportes un legítimo derecho del pueblo. Como resultado de esto se crean diversos entes de organización deportiva, institutos de formación de profesionales, de medicina deportiva.
“Lo más destacado fue el origen de los juegos deportivos nacionales escolares (22 de agosto de 1963), de los cuales se nutren nuestros centros de alto rendimiento. Estos juegos complementan, además, la pirámide del deporte nacional, que nace en la base (escuelas primarias), transita por las edades escolares, juveniles, hasta llegar a las mayores...”. Esto expresó Ernesto Granda Dihigo, licenciado en Sociología y profesor de la Universidad de La Habana.
Nuestros dirigentes deportivos, habitualmente idóneos y amigos de funcionarios de turno (sirva como ejemplo aquel corredor de lanchas de velocidad o algún que otro futbolista exitoso), no profesionales o estudiosos del tema en cuestión, han tratado de implementar diversos planes de detección de talentos, torneos escolares o programas tendientes a la mejora de nuestros deportistas, sin una continuidad histórica, sin un programa sustentable en el tiempo, ni infraestructura adecuada para la realización de los mismos.
En la actualidad, en la provincia de Buenos Aires se desarrollan los torneos bonaerenses, logrando hacer participar a innumerable cantidad de estudiantes. Tienen un carácter competitivo, sin ser de carácter participativo, recreativo ni masificador.
Me cuestiono: ¿Estamos en nuestro país en condiciones de encarar un proyecto similar a los antes mencionados (no como una mera copia), teniendo en cuenta recursos, infraestructura, tiempo, conocimiento científico, profesionales de varias disciplinas relacionadas con el deporte, como pueden ser la medicina, las matemáticas, la psicología?
Personalmente creo que sí, solamente falta que nuestros dirigentes entiendan a la actividad física-deportivo-recreativa- como un derecho y no como una instancia para aparecer en una foto.
“Recuerdo cómo salimos en tropel los jugadores de ajedrez... Y cómo, a medida que nos acercábamos a la plaza San Martín, nos íbamos poniendo serios y éramos cada vez menos; y al fin, cuando crucé la plaza, me vi solo”. Rodolfo Walsh
Bibliografía.
Castro Ruz, Fidel. Informe Central al Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, Departamento de Orientación Revolucionaria del Comité Centran del PCC, La Habana, 1975.
Castro Ruz, Fidel. La historia me absolverá, Departamento de Orientación Revolucionaria del Comité Central del PCC, La Habana, 1973.
Por Maximiliano Loza