Alrededor de doce chicos, entre cinco y trece años, durante la mañana realizan -según palabras del maestro a cargo del taller- actividades recreativas vinculadas a la promoción de los derechos del niño. “La idea es que ellos conozcan y expresen esos derechos a través de un hecho cultural, ya sea la danza, el canto o mural”, sostiene Ojeda.
Para ello, de 9 a 12 horas, los chicos, en un aula de la escuela, luego de que el maestro lee algún libro y les comenta alguna leyenda referida a los murgueros, por ejemplo, comienzan a ensayar pasos de murga, cantar y bailar.
“La idea es darle continuidad luego de la escuela”, afirma el docente, y para ello están pensando en conjunto un nombre para la murga; hasta ahora surgieron Tambor de tacuarí y Niños rebeldes –este último, dice Damián, en mapuche sería Aucapiche-.
Según expresa el titular de la sede de la Escuela Nº 1, tienen pensado terminar el 10 de febrero -fecha en que culmina el programa Escuelas Abiertas en Verano- con un mural en el paredón que pertenece a la cooperativa El Progreso -frente a la plaza Manuel Estrada-.
Informe y foto: María José Cuadrado