Con un show de fuegos artificiales se inició la jornada final del festival en plaza Estrada, que tuvo la conducción de Sergio Melgarejo y Marcelo Iribarren.
En una noche ideal para un espectáculo al aire libre, subió a escena el ballet Shaedibra, que imprimió un gran colorido a través de las distintas coreografías.
La danza dio paso a nuestro querido Agustín Pereyra, quien interpretó durante media hora un variado repertorio.
Alrededor de las 23 llegó el turno también de otra vecina querida, Daiana Colamarino. La cantante arrancó con una cumbia de Abel Pintos. Estuvo acompañada por Guillermo Zárate, en bombo; Rodrigo Almirall, en bajo; Cristian D’Orazio, en batería; y Cintia Mun -su compañera del conservatorio, oriunda de Pehuajó- en primera guitarra. El público acompaño a Daiana con palmas y con el canto en la interpretación del tema Juana Azurduy. Antes de despedirse con un chamamé agradeció el apoyo que los vecinos realizan a la agrupación Henderson Solidario, que ella preside, e informó que el 5 de febrero se presentará en la final de Baradero.
Luego tuvo lugar nuevamente la danza, a través del ballet Todos a bailar. Los jóvenes integrantes cautivaron al público, como lo hicieron en el mes de noviembre en el Encuentro Nacional de Folclore en Villa Carlos Paz.
Ya casi a la medianoche subió a deleitar al público con sus coplas norteñas, desde los Valles Calchaquíes, más precisamente del pueblo de San Carlos, Mariana Carrizo. En un tono mayormente feminista, y con mucho respeto, se ganó la complicidad de las mujeres, y hasta se dio el lujo de coplear con los conductores del festival.
“Yo soy como la cigarra, corta vida y larga fama”, entonó en una de las tantas letras y al compás de su caja, instrumento que se realiza con cuero de chivito y avestruz. Mariana le explicó al público que las coplas son de amor y de desprecio. La pícara coplera puso en palabra Vidalita de amor, dedicada a todos los enamorados presentes, y se despidió con una copla para las suegras.
Oriundo de otro punto cardinal de nuestro país
-el litoral, de la ciudad de Apóstoles, Misiones-, subió al escenario el Chango Spasiuk, junto a su infaltable acordeón y acompañado por su banda. Algunos problemas en el sonido no impidieron que este artista consagrado pudiera desplegar su vasto repertorio. “Cosas que pasan en cualquier escenario”, dijo al respecto, sin darle mayor trascendencia.
El Chango es sinónimo de chamamé, y eso quedo demostrado en la última noche del Henderson Canta. Un concierto con violín, violonchelo, guitarra, percusión, contrabajo y acordeón
En el escenario había una silla vacía, con la que Spasiuk rinde homenaje a Gabriel Villalba, su guitarrista fallecido en un accidente en el año 1998.
Continuó el repertorio, la gente pidió una más y el Chango con su banda se despidió con Violentango, de Astor Piazzolla.
Pasada la una de la madrugada, y enfundados en los trajes típicos del carnaval jujeño, subieron al ruedo Los Tekis. Con el sonido característico de la Quebrada de Humahuaca cautivaron al público, que se agolpó a cantar y bailar.
Presentaron su último disco -de oro- y también tocaron el himno jujeño: Viva Jujuy.
Mucho colorido y cumbia norteña para cerrar esta decimonovena edición del Henderson Canta.
Los últimos fuegos artificiales despidieron la última noche en el escenario principal. Luego, la gente se acercó a las peñas para seguir disfrutando.
Nota: María José Cuadrado
Foto: Soledad Ramírez