18-12-2011 15:50 |
Apenas habían transcurrido quince minutos de partido cuando el wing derecho pidió el cambio. El DT, sin entender el porqué del ruego, no le dio importancia. El futbolista no aguantó más y salió por su cuenta. Al pasar por el banco de suplentes reveló el motivo
La Cuarta división de Fútbol Club, dirigida por Carlos Negro Jaimarena, jugaba de local un partido por la Liga Pehuajense. El encuentro hacía un cuarto de hora que había comenzado y se desarrollaba con normalidad.
De pronto el puntero derecho rojiverde empezó a transitar ligero por su lateral y a hacer señas al banco de relevos pidiendo el cambio.
Entrenador y jugadores suplentes se miraron sin comprender, pues era insólito que un futbolista solicitara ser sustituido a tan pocos minutos de iniciado el match.
El hoy cartero insistió con los ademanes, a los que incorporó un implacable “Sacame, Negro”.
El Negro le respondió con otra seña: haciendo “montoncito” con la mano derecha le preguntó qué le pasaba.
El wing, lejos de quedarse piola, siguió pidiendo el reemplazo y gritando “Sacame, Negro”.
El entrenador, aún sin entender la situación, ordenó a un suplente que empezara con los movimientos de calentamiento, y al jugador que quería salir, que aguantara un poco.
Este, desoyendo la indicación, salió disparado en dirección al banco de relevos, pero no se detuvo allí, sino que siguió rumbo al vestuario local. Sólo alcanzó a decir al pasar: “Sacame, Negro, que me c…”.
En ese partido de fútbol, el repartidor de correspondencia tuvo la peor jugada con su organismo, y no tuvo más alternativa que llevar a domicilio un telegrama.