A modo de impresiones, como flores en el hormigón...
De cómo opera el universo
Quien ha subido me da diez centavos…
Una moneda que le había sobrado a mi vuelto
de la máquina expendedora de boletos.
“Gracias”, digo.
Alguien sube, pone las suyas y pregunta al chofer
si le cambia 10 centavos porque
la máquina no los toma.
Tiene los ojos cansados, el cuello
de la remera estirado y sombra
de barba blanca.
El chofer indiferente niega.
Doy los diez centavos que acaban de devolverme y prueba,
una y otra vez el tipo prueba; sale el boleto.
“Gracias, flaco”, dice, y se abre paso hacia el fondo.
Así opera el universo.
Llámese como sea…
Casamiento masivo en China, concentración en el Uritorco,
abrazar un árbol, swasta yoga, el Ying-Yang,
equilibrio y religión, guerra de la evolución de la piedra:
atómica, virósica, tercera y mundial.
Calentamiento por desconsideración, caminata a Luján,
ofrenda y sacrificio a los astros, vaticana bendición;
rezar mirando a La Meca, salvar una especie en extinción.
Segunda venida de Cristo o espera primera del hijo de Dios;
diferencia católica, evangélica, judía; comunión, exterminio, división.
En el señor de ojos cansados con cuello de remera estirada,
el colectivero amargo, el anterior a mí y en vos…
Así opera el universo.
No ha existido otra manera, ni existirá nunca.
Ezequiel Sanz