27-11-2011 14:36 |
Chascos similares al que contaremos a continuación han pasado muchos, y algunos con consecuencias físicas para quien pifió cuando fue a sacar a bailar a una chica en la oscuridad que en los boliches acompaña a los lentos
Por aquellos años –principios de los 90- El Casco tenía tres pistas de baile: la de adelante, la que estaba delante de la barra y una más chiquita, redonda y con tenues luces en el piso, atrás, delante de los reservados.
El muchacho había dejado la pista de adelante que solía frecuentar con sus amigos y compañeros de colegio porque se acercaban los lentos y por la pista de atrás andaba con sus amigas una chica a la que tenía intenciones de invitar a danzar ni bien pusieran el tema de Sinead O'Connor con el que abría la sesión de música lenta.
Acodado a la barra, con una cerveza en la mano, la vio, justo en diagonal en uno de los asientos frente a la pista redonda y sola. Rogó que “el Colo” cambiara pronto la música y volteó para hablar algo con el encargado del bar. En ese momento comenzaron los lentos.
Esperó unos segundos y decidió ir por ella. Las luces habían bajado a su mínima intensidad y fue casi a tientas hasta donde había avistado a la chica unos segundos antes. Miró –más que mirar, calculó-, le tocó sensiblemente el hombro e invitó con voz suave
-¿Bailamos?
-¿Cómo?
-Si querés bailar.
-¿Perdón?
-Dale, bailemos un par de temas…
-Loco, me parece que te estás confundiendo –dijo, con voz ronca quien estaba en el sillón a punto de incorporarse-.
Ahí fue cuando se dio cuenta el frustrado danzarín que la chica se había corrido de lugar. De hecho ya ni estaba por la zona de los reservados. Y quien ocupaba su lugar era un chico morocho, de pelo corto y con nada de ganas de bailar con otro chico.
Se deshizo en perdones el cortejante mientras el otro amenazaba romperle la cara, puesto que un par de amigos que estaban con él no podían parar de reírse.
Sin lentos, el chico de la pista de adelante se volvió para adelante, y al poco rato decidió irse derrotado antes que el otro volviera a aparecer y efectivizara ahora sí su amenaza de mandarlo al hospital.