02-10-2011 10:34 |
Hoy volvemos con un episodio en el Centro de Estudiantes Universitarios en La Plata, donde un grupo, todos estudiantes de abogacía, decidió hacer un simulacro de mesa antes de rendir efectivamente la materia en la facultad. Un modo de autoevaluarse. Claro que para ello debían llegar más o menos preparados al examen simulado.
“Vamos estudiar sociología para la próxima mesa”, propuso uno de los muchachos que allá por el año ´92 estudiaba abogacía en el CEUH, y que hoy ejerce la profesión de las leyes. Aceptaron el convite otros cuatro varones y una mujer que también habían elegido la rama del derecho.
Entonces cada uno comenzó a estudiar, algunos de manera individual, algunos juntándose con un compañero, y otros quizá sin tanto empeño.
Pasados algunos días, el mismo que propuso la materia dijo que una manera de ayudarse entre todos era también hacer un simulacro de mesa, en el cual constituían entre ellos una mesa examinadora, y los demás se presentaban a la prueba con la misma modalidad usada en la facultad, es decir, sacando bolilla.
El bolillero no era más que un rústico cuenco donde se metieron papelitos arrollados con el número de cada una de las bolillas que constituían la cátedra.
Pasó el primero y sorteó a tientas la evaluación, demostrándose a sí mismo donde había fallas a corregir antes del verdadero examen.
Luego le tocó el turno a FS, y fue allí donde se produjo el quiebre de la mesa. “A ver, esta no, no llegué todavía”, dijo cuando vio el primer papelito con un número que no le favorecía.
“Bueno, sacá otro”, le propusieron los compañeros. Y procedió. Con el segundo número en mano reflexionó: “Justo esta era la que iba a empezar a estudiar hoy”. Con el tercer papelito puso una excusa de que no tenía el apunte, y ya con el cuarto, tras decir “esta tampoco la sé”, no tuvo otra que reconocer que no había estudiado ninguna bolilla. Dijo después: “quizá esto no sea para mí”. A lo que los otros contestaron “cómo sabés, si todavía no leíste un apunte”.