A modo de impresiones, como flores en el hormigón...
De diversiones con Chola
En un pueblo como aquellos, un parque de diversiones…
además de ser un terreno descampado llenándose con camiones y coloridos
acoplados, era:
manzana acaramelada, castillos inflables, calesitas, botes que se elevaban
tirados de una cuerda, sillas voladoras,
tiro al blanco con premio de muñecas
de tela con telgopor rellenas,
ositos con polvo y telarañas,
pelotas con tierra.
Allí…
Mis otros vecinos del barrio,
llamado “detrás de las vías”,
pedían trabajo en la construcción;
lo armaban y atendían,
no había mucho para hacer en el pueblo
en tiempo de inundaciones o sequías.
Allí se ganaba un dinerillo,
también se aprendía, y en favor a las atenciones…
que algunos de nuestros padres tenían
por la abuela sola,
ella nos pasaba a buscar
e íbamos al parque de diversiones con Chola.
Entonces:
Nos subía al “gusano loco”, los aviones de la calesita,
nos hacía saltar en lo inflable,
nos compraba galletitas;
negociaba con el del boleto, luego,
para que nos cuide y subir ella sola.
Sola a la vuelta al mundo, el gusano;
era el terror de la cola,
ingresaba comestibles,
se paraba en el gusano a toda
velocidad y en punta de los tacos;
gritaba a todos (no se qué cuernos de cosas),
sonreía haciendo fuck-you y…
en las sillas voladoras un día dijo:
“Esperen que ya nos vamos”;
evadió seguridad y dispositivos,
se coló y no la bajaron.
Nos quedamos más que sorprendidos,
era terrible el caso.
Bajó sin prisa y serena,
como San Cayetano podando.
Así nos daba una lección, supongo,
que a traviesos podía ganarnos.
Volvíamos calladitos a casa
sin siquiera mencionarlo,
ya que nos jugaría en contra si se sabía
lo que la abuela hacia al llevarnos; pero
a todos nos gustaban los parques,
y a ella le encantaba así, pasearnos.
Ezequiel Sanz