La anécdota: le pusieron la tracción al revés y el paisano quedó cara a cara con el caballo
18-09-2011 10:00 |
Hace algunas semanas rememoramos un episodio ocurrido hace más de medio siglo en Lavalle con un sulky al que armaron dentro de una habitación colocando el caballo del lado de afuera. Ahora volvemos a la misma época, y con el mismo transporte a tracción a sangre. También en un baile, pero ahora en los pagos de María Lucila
Siempre fueron los galpones del ferrocarril un buen refugio para los bailes primaverales a los que la paisanada iba deseosa de mover las tabas y entonar la vida con algún trago espirituoso o refrescante.
En una oportunidad, un gran baile convocó a muchachos y muchachas –y a no tan muchachos y muchachas también- a María Lucila. No faltaron, en medio de la noche, un par de sabandijas capaces de perderse la fiesta dentro del salón para hacer una fechoría.
Tomaron uno de los sulkys que estaban más alejados y pusieron manos a la obra. Desataron el caballo, le sacaron los aperos y se lo volvieron a colocar pero al revés, es decir, con las partes de adelante para atrás y viceversa. Con singular esfuerzo lograron que el animal, contra toda su costumbre, entrara por las varas de cabeza. Quedó el caballo mirando el pescante y las riendas atadas a la cola.
Cuando el dueño del sulky salió en busca de su móvil, “adobado como pal horno”, diría Landriscina, en principio le costó encontrarlo, y después tardó en percatarse de que el motor estaba en reversa. Es que el caballo no salía por más que el hombre lo alentara con un chuic, chuic medio trabado.
Dicen testigos de aquellos años que al paisano le costó bastante poner las cosas en su lugar antes de dejar que el caballo lo llevara solo para la querencia cuando ya despuntaba el amanecer. Los bromistas se rieron de lo lindo, escondidos atrás de la vía.