10-07-2011 14:58 |
La historia de esta semana tiene como protagonista a un vecino que, entre otras actividades, oficia de referí de fútbol. Suele escucharse con frecuencia que la justicia es ciega. En este caso tenía los ojos bien abiertos, pero eso no fue ninguna garantía
Bombero y referí. O viceversa. El orden de los sustantivos no tendría que tener importancia.
Mediados de la década del 80. Torneo comercial de fútbol en la cancha de Juventud Unida. Partido de semifinal.
Los dos equipos no se sacaban ventaja y todo hacía suponer que iban a tener que dirimir desde los once pasos cuál jugaría la final y cuál lo haría por el tercer puesto. A no ser que...
El árbitro, hasta ese momento -faltaban pocos minutos para que él diera el pitazo final-, había tenido un desempeño bastante decoroso. Sólo podían cuestionárseles un par de fallos que beneficiaron a uno de los equipos, pero muy finitos y nada relevantes: un saque lateral y algún foul en la mitad del campo de juego.
De pronto, el 9 del conjunto con casacas de color blanco se zambulló en el área rival y el referí, al lado de la jugada, sin dudarlo cobró penal. ¡Penal! No había sido por donde se lo mirara. El defensor contrario más cerca estaba a medio metro del delantero Cachengo "Meolans", artista exclusivo esa tarde del Demetrio Hernández.
En vano protestaron los jugadores perjudicados. En vano, también, los hinchas, amontonados en el alambrado detrás del arco, se acordaron de todo el árbol genealógico del encargado de impartir justicia. Este, implacable, ordenó la ejecución de la pena máxima.
Pateó el 9 y esta vez no dejó dudas: bombazo abajo, al palo derecho, y 1 a 0. Y a la final, porque cuando el equipo en desgracia sacó del medio, el árbitro dio por terminado el partido.
El error garrafal en el fallo arbitral hubiese quedado catalogado de esa manera y nada más, sin ninguna sospecha, al fin y al cabo una mala tarde la tiene cualquiera. De no ser porque...
Pedaleando en su bicicleta de regreso a su casa, el hombre de negro escuchó que desde el intrior de un auto que se le puso a la par le preguntaron: "Fiore, ¿cómo terminó el partido?". Acto fallido o no, el juez respondió: "Ganamos 1 a 0".
A partir de ese momento sí importó el orden de los sustantivos: desde entonces se conoce al protagonista de esta historia como el "referí bombero".