03-07-2011 14:55 |
La anécdota de hoy no tiene más connotaciones graciosas que las que el hecho puede significar por el paso de los años y por lo ridículo que significa que alguien tome como sola diversión asustar a temerosos adolescentes y desprotegidas señoras concurrentes a sus trabajos en la madrugada
A fines de los ´80 hubo en el pueblo una circunstancia que de alguna manera alteró la tranquilidad nocturna. Un mal gracioso, muñido de una grabación de llantos de bebé y mujeres se dedicó a asustar gente.
“La llorona”, como todos le decían, dedicó varias noches de un frío invierno a esperar almas solitarias que andaban por las calles para darles flor de susto. Comenzó los fines de semana, sobre todo con chicas y chicos que volvían del boliche.
Alertada la policía, los días de fin de semana se multiplicaban los patrullajes, pero nunca pudieron dar con el pesado bromista. Luego la cosa tomó un cariz más complicado. Hubo un par de cuasi ataques a mujeres en las inmediaciones de la avenida San Martín, y hasta una incursión por la zona del hospital, donde una valiente enfermera, lejos de asustarse, sacó corriendo al sorprendido bromista.
“Flaco y muy ágil”, fue la única descripción con la que contaron los pesquisas y que rápidamente se regó por el pueblo. Poco como para dar con el paradero de “La llorona”. Hubo, sin embargo, algunas detenciones, pero no se pudo comprobar nada.
Después de aquel hecho de la enfermera, “la Llorona” salió un par de veces más, para luego guardarse para siempre.