20-11-2018 23:48 |
El 21 de noviembre se celebra en Argentina el Día de la enfermera. Con motivo de ello, cada año Hendersonline saluda a todas las personas que ejercen esta profesión, en especial a quienes lo hacen en nuestro pueblo. Y lo hace a través de un diálogo con una de ellas. En esta oportunidad se trata de Adriana Meliendres, quien desde hace veinte años desarrolla su labor en el hospital municipal Saverio Galvagni
Colaboración con la nota y foto: Flabia Colamarino
“Primero, porque no quise seguir estudiando; entonces mi papá me dijo: ‘A tra-ba-jar’”, introduce Adriana Meliendres sobre por qué es enfermera. Y amplía: “En ese tiempo tenía 17 años y mi tía Cristina García trabajaba en el sanatorio donde después fue el Perito (calle Mariano Moreno entre España y 9 de Julio), y ahora ya no es más. Ella trabajaba con el doctor Patelli, el doctor Medo; un montón de médicos. Y me dijo: ‘¿No querés empezar a practicar?’. Y bueno, empecé”. Añade sobre sus comienzos en la profesión, cuando transcurrían -según recuerda- los años 1978 - 1979: “A los tres meses, una de mis compañeras se tuvo que retirar y ya quedé trabajando en el sanatorio, con el doctor Patelli, el doctor Medo, el doctor Ricci y un montón más”.
Acerca de estudios cursados para adquirir formación académica, Adriana dice: “Recién en el año ‘90 hice el auxiliar de enfermería que se hizo acá, en el hospital”.
Respecto de cuánto tiempo lleva trabajando en el hospital municipal y en qué otros lugares ha desempeñado su labor, la protagonista de la nota con Hendersonline por el Día de la enfermera señala que en el centro de salud de calle Urquiza acumula veinte años, y que “primero, antes de empezar acá, trabajé en Los Aromos y después trabajé en la clínica San Luis; y después pasé para acá, para el hospital”.
Con relación a alguna diferencia en el trabajo que hay en el nosocomio con el de otros lugares, la entrevistada marca que “en el hospital es más movido. La clínica era muy chiquita y se trabajaba de a uno solo, había una sola mucama y una sola enfermera”.
En cuanto a diferencias entre la labor de la enfermería actual y la de sus inicios expresa: “Es muy distinto. Cuando yo empecé acá, en el año ’83 – ’84, estaban las enfermeras más antiguas, estaban Marta Cruz, Nelly (Noblía); teníamos mucho apoyo de ellas, nosotras éramos muy jovencitas. Y se trabajaba bien, se trabajaba muy bien. Ahora no digo que no se trabaje bien, eh. Somos muy compañeras. Yo estoy adelante, en la parte de la guardia, pero me recorro todo el hospital, porque es mi trabajo”.
En lo concerniente a qué tareas le gustan más y cuáles menos de su actividad, primero afirma que todas le agradan por igual, pero luego de unos segundos reconoce que “vacunación, no”. ¿Por qué? “Porque antes del año ‘83 – ‘84 eran seis vacunas, siete vacunas; ahora son muchas más, son como diecinueve vacunas, y tengo miedo a equivocarme”.
Invitada a elegir, por un lado, algún momento divertido y, por otro, uno triste que le haya tocado vivir en tantos años de profesión, Adriana contesta, en referencia al primer grupo: “De esos tengo un montón, muchísimos”.
La muerte del doctor Patelli fue el momento más triste
En cambio se explaya un poco más para contar un hecho que la entristeció y la marcó: “La muerte del doctor Patelli. Fue lo más triste. Porque yo aprendí con él. Y él venía del asilo, porque en ese tiempo estaba de director del asilo, y Patricia González o yo lo acompañábamos, porque tuviera pacientes internados o no, él se recorría todo el hospital. Después que falleció, yo justo estaba de licencia, cuando empecé a trabajar era una cosa que llegaban las 11 - 11.30 y nos sentábamos con Patricia y le decía: ‘Pato, ¿qué te pasa?’. Y se nos empezaban a caer las lágrimas a la dos, porque esa hora era la que él llegaba. Para mí, sin desmerecer a los demás médicos, fue un gran maestro, como siempre digo; y siempre lo llevo en mi corazón, porque fue una gran persona. Siempre, siempre defendió al personal, tanto a mucama como a enfermera. No le fueras a hablar mal de una enfermera porque Dios me libre, y de una mucama porque Dios me libre. Era un león para defender a la gente”.
Si bien no destaca por encima del resto a alguna compañera, como sí lo hizo con el doctor Carlos Patelli entre los médicos, Adriana vuelve a nombrar a Patricia González para decir, en este caso, que es con quien se divertía más trabajando. Recuerda en tal sentido cuando salían ambas a higienizar a los pacientes por la mañana. Dice además que el tiempo que estuvo fuera del nosocomio y trabajó en la salita Ramón Carrillo, “extrañé muchísimo el hospital, extrañé mucho a las compañeras”.
Al momento de la realización de la presente nota, la enfermera aún no sabía con precisión si iban a juntarse a celebrar su día, ni dónde iba a ser si lo hacían. Pero aprovechó para traer a su memoria el recuerdo de lo que eran antes las fiestas por el Día de la enfermera: “En el año ’83 – ‘84, cuando estaba Nelly, cuando estaba Marta, cuando estaba Delia Magallanes, hacíamos las fiestas grandísimas. La gente venía, nosotros no pedíamos, la gente venía y te traía una caja de sidra, te traía una caja de pan dulce; donaba a montones, nosotros no precisábamos comprar nada. En ese tiempo hacíamos la fiesta en el Nicasio; hacíamos sketchs, uno se disfrazaba de una cosa, otro se disfrazaba de otra, hacíamos sketchs que nos habían pasado con los médicos pero nunca faltándoles el respeto. Y se llenaba, iba toda la familia, familia de los médicos. Era hermoso, hermoso. Ya después se fueron perdiendo esas fiestas”.
Por último, Adriana Meliendres les desea a sus colegas que pasen un feliz día y que sigan adelante.